Profunda nostalgia

AYER, mal sentada en los bancos de mi parroquia, escuchaba al vicario en compañía de María. La madera del banco estaba fría, me dí cuenta al poner las palmas de mis manos en ella para recostarme definitivamente y que me dejasen de ver los que alrededor de mí se sentaban. ¿Realmente le estaban escuchando? Todos tenían una cara de profunda atención y parecía incluso una conexión fortísima entre voz y rostro. Yo simplemente observaba. Figuraba. Me confundía con el entorno y si alguien hubiera podido darme un par de golpes en la pierna hubiera sonado a termitas.
Se confirmaban los de segundo de bachillerato de mi colegio. Mi colegio. Es bonito decir ‘mi’ y que a la vez sea de tantos. Yo miraba al suelo, y tenía una perspectiva alegre, mis piernas eran dos carreteras paralelas con estampados de flores, que llegaban hasta una pared formada por unos tobillos finos, que acababan en un tacón rojo y unas uñas granate. Tan sólo a quince centímetros del suelo, estaba casi volando. Puedo volar cuando quiera.

No me gustó la misa. Creo que lo más interesante fue cuando María y yo hablamos sobre Tamara Falcó, icono que representa el aburrimiento del famoseo de este país. Está muy de moda aburrirse en un loft céntrico y al no encontrar nada que hacer, ver un libro que curiosamente es la Biblia y ponerse a leer. Está muy bien de verdad, yo me he leído los salmos, el génesis y el apocalipsis. Poesía amorosa-erótica, realismo mágico y literatura futurista. Tampoco me gustó la del año pasado. Me gustó la del anterior, porque era la nuestra. Se me acusó de estar seria durante toda la ceremonia, estaba muy nerviosa, triste y presionada. Teníamos selectividad encima. Y yo estaba triste, y nerviosa y presionada. E hice un bis. Pero mereció la pena. Mereció la pena. Por el simple y llano hecho de pertenecer ahora a un grupo que supone un apoyo muy fuerte.

Luego bajamos abajo, siempre suelen poner unos aperitivos, algo de charla, buenas personas que inundan la sala. Al hablar con algunos de ellos por ejemplo, compruebas la tensión del momento en el que viven, te emocionas pensando en lo que pasó hace dos años. Cena de profesores, confirmación, graduación, selectividad y el verano de tu vida. Son inútiles los consejos, el ”creo que deberías”, los avisos y demás estupidez moral que creemos haber alcanzado tras dos años ”fuera”. Cada uno estamos sometidos a unas condiciones, por eso vivimos de manera distinta y sentimos diferente. Por eso lo que yo pueda decirte a ti, únicamente te va a orientar, quizá pueda ayudarte pero no es el clavo ardiendo al que uno se deba agarrar. Yo, desde mí, te explico a ti, escuchándome desde tu realidad. Por eso cada uno tiene que ser lo que quiera, es algo fundamental. Cada uno se salva a sí mismo. Luego está la cuestión de abandonar el círculo de sobre-protección… impacta. Un poco. Al principio. Luego se suaviza. Primero piensas con pesar que algunas personas van a desaparecer de tu vida. Que algunos de tus compañeros van a quedarse en ese mundo triste al que uno no pertenece ya, ocupado por otros pequeños seres del curso de abajo. Puede que deba ser así, es decir, las personas que han llenado tu vida van a seguir enriqueciéndola. Y lo más sorprendente es que otros con quien nunca pensaste tener relación te sorprenden gratamente fuera de esa estupidez jerárquica que se implanta en el colegio, que la implantamos. Somos casi una sociedad estamental. Un asco.
Por eso, otros llegarán. Llegarán a tu vida y la armarán, le darán forma, y te harán sentirte tan bien, que nunca sentirás nada igual. Nuevos retos, nuevas sensaciones, todo nuevo. Pero desde nosotros mismos, como ya he dicho.

Alguien a quien quiero mucho me gritó desde la distancia ”fidelidad”, no viene a cuento, es decir, gritó aquello por otro motivo, pero al pensar en ello entendí que ese motivo ya no existía y que esa ”fidelidad” era lo único que tenía conmigo. La fidelidad a mí misma, cuyo significado ha vivido en mí desde que me marché.

He vuelto a ir algunas veces, pero te sientes ajeno a un mecanismo que sigue en funcionamiento. No debemos sentir pena porque vaya a seguir rodando sin nosotros(durante espero, todos los días del mundo), porque justamente lo que le hace caminar es que unos se vayan y otros se queden, un flujo continuo de personas con corazón. Las preguntas del tipo ¿Es que acaso ya no importo a nadie allí? ¿Nadie se acuerda de mí? no tienen sentido. El volver, en ocasiones, te llena de calor y de recuerdos que te sumen en una especie de montaña rusa que te marea para producir una catarsis nostálgica, cuyo amargo sabor, se te queda pegado al paladar durante al menos dos días. Quizá Sabina a través de Rulfo dijo que ”Al lugar donde has sido feliz, no debes tratar de volver”. Pero es mejor sufrir un poquito y dejarse caer de vez en cuando al compás de los años. Sufrir es amar. Y amar siempre merece la pena.

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Desde ayer Will Hunting se suma a mi podio tres de películas que me hacen olvidar que la tortilla de patata es uno de los grandes símbolos de este país de pandereta.

And I tried to leave but you know me
I come back when you want me to.
Do you miss me, miss misery
like you say you do…

AToribio.

PD. Voy a estar fuera durante una semana. Os dejo unos artículos de El País que me han gustado mucho.

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/22/actualidad/1369220401_239182.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/22/actualidad/1369235424_561182.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/21/actualidad/1369152421_772761.html

Bueno, y qué narices. Podéis leer el resto de mis entradas.

Muchos besos y muchos abrazos.

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Horizonte

Horizonte

Piedras imantan mi cuerpo. Maleza,
Bajo la quimérica sombra esquiva y
Árboles, cuyo nombre titubeo,
Descubren un camino sin retorno.

El aire se escribe entre esclavos pactos
Cuyo verbo vacío no consigue
Hacerme volver, porque nada me hace
Sentir que deba contener mis pasos.

Atrás alguien, quizá nadie, construye
Un lienzo que otro pinta con pretextos
Violentos, para esconder el fracaso.

Y no existe un rumbo exacto, tan
Solo un rincón al que dirigirse con
Voz invasiva, siendo único amparo.

AToribio

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La gran Annie, y su foto para la Rolling.

Pongo también a Georges Moustaki. Recuerdo que una profe en el cole de francés nos lo puse, y no supe apreciarlo. Gracias a los años y a la vida.

Muchos besos, muchos abrazos.

Conversaciones en el despacho

Esta mañana tenía la revisión de un examen. Estaba preocupada porque nunca sabes realmente qué vas a decir. Tú prepárate el discurso de investidura de Barack Obama que es llegar al cara a cara , que el tuyo pertenecerá al nivel digno del bebé que era un sol de los Teletubbies, solo que a mí no me han dado teletubie-galleta, sino un ”péinate para atrás” y ”nos vemos en la recuperación”. Por cierto, ¿Cuándo es? Ah no sé, míralo en la guía docente. Pero, ¿No sabes cuándo es? No, que no lo sé. Que pase el siguiente.

Bolonia. La gran mentira. Físicamente se traduce en una zona de Italia. En abstracto es un plan irrealizable de estudios, un engañabobos, un timo, otro más. Se hizo para que el estudiante pudiera dar cuenta de que una hoja escrita con cinco preguntas no le definía. Que era algo más, trabajo continuo y constante. Espera. Espera. Espera. Me rio yo de Bolonia.

Iba pensando yo en mis cosas, que si me pica la nariz, que si la señora de enfrente me está mirando, que si la chica de al lado lleva siguiéndome en dos autobuses seguidos, yo que sé. ¿Qué voy a decirle a la profesora? Pues no sé. ¿A qué saben las flores? No lo sé, no soy vegana. Ni tampoco sé a qué saben las nubes, Ausonia. Pues total, que iba yo, pin piririnpin pin, de camino a la universidad. He pensando en que podía contar una pequeña mentira, total, no va a ser más grave que los que copiaron, ¿o no? o tal vez… ¿o sí? Yo que sé. El otro día hablando con mi madre, si es que yo no sé mentir. Es que se me ve en la cara que no es verdad, que estoy mintiendo, que estoy copiando, que estoy engañando. Es superior a mis fuerzas. Con la honestidad de una piedra sacada del camino de Santiago, es decir, muy pecaminosa, he esperado tres cuartos de hora a que me recibiese. Y como no he encontrado nada más puro y verdadero que las lágrimas, por otro lado tan humillante, he pensando en cosas que me hacen ponerme triste, como las espinacas con bechamel o la tortilla de patata.

Cuando iban saliendo mis compañeros del despacho yo decía, bueno, pues vale, se está calentando. Es normal. Ya es hora de que llegue la primavera REAL YA. Crearé una plataforma. Cuando he ido a entrar yo aquello era un festival de la alegría. Cómo que quién soy yo. Cómo que cuál es mi nombre. He ido a todas tus clases. Te he preguntado dudas y me has remitido a que me las resolviera otro compañero. He entregado todas las prácticas. Repito que cuando te he preguntado me has dicho que volviera a pensarlo, que seguro que mi sistema neuronal y yo nos apañábamos. Soy Andrea. Andrea Toribio. Ah, sí, sí la de la letra bonita y ordenada. ESA SOY YO. Pues tu examen, verás, qué nota tienes, bien, bien un tres. Pues la primera he dejado de corregirla porque la tenías mal, la tercera la cuarta contestación no me cuadra y he desestimado el ejercicio y la tercera directamente no es correcta. Y mientras yo, pensando, que tenía una bandeja enorme de tortilla de patata delante y que no me iba a levantar de la mesa hasta que me la terminase, o sea nunca, o en este caso al uno de julio. No voy a poder matricularme de los profesores que quiero, no voy a poder apuntarme a ningún curso porque todos empiezan el uno, vaya, cuando tengo mi examen, y voy a estudiar con calor, después de partirme el lomo durante todo el curso. Está fenomenal. Pasadme un pan y una jarra de agua, que me la como por mis narices. Y que alguien me tapone la nariz para no oler a patata y a huevo mezclado con arte, que vomito. Pero me la termino como que me llamo Andrea. Sí, Andrea. Claro profesora, sin ningún problema. Claro, claro, entiendo que así sacaré mejor nota en julio, que después de todo a eso venimos a la universidad, a mendigar consideración.
Y al final, contra todo me he puesto a llorar. Porque el otro profesor, uno de los que quería, tenía un póster enorme de Cernuda, y claro, un río un amor…

Andrea Toribio. Ésa soy yo.

Adriana Lestido (5)

Encontrada carta manuscrita

Calle Isla de Arosa
Pensión Toribio-Álvarez

(Contacta con el portero, afable. Le persuaden par libros)

Madrid, Madrid,Madrid

Querida Lola, Lolita, Lola:

Muchas veces han salido de tu boca palabras, ¡injurias! contra lo que viene a ser mi zona, mi barrio. Sin embargo, he de decirte que el tuyo no se queda atrás en lo que a bizarría se refiere. Ésta última semana en la que hemos podido vernos con más frecuencia he podido comprobar hasta en dos ocasiones que los transeúntes que recorren tus calles son especies en peligro de extinción que se merece algo más que un aplauso y una placa en el boulevard de Hollywood en L.A.

El lunes, sin ir más lejos, mientras paseábamos, al detenernos en mi parada, cerca de San Bernardo vino un muchacho. Espero que recuerdes que llevaba el pelo rapado y un chándal azul con rayas marino y que llevaba las manos detrás de la espalda, como simulando un gesto cortés, algo caballeroso, no vayamos a sorprendernos, que es el siglo XXI. Nos dijo: Hola guapas. Ya, ya, ya se que reunimos unas características físicas medianamente armónicas y con algo de gracia. A continuación volvió a abrir la boca para decirnos: ¿Tenéis Tuenti o Facebook?. Tuvimos que decirle que NO, su acento de Europa del este NO pareció convencernos, por eso NO, nos gusta más el estilo italiano, por eso NO, además que NO, que ya he dicho que NO y es que NO.

No dejo escapar a sí mismo, lo ocurrido esta misma mañana. Creo de forma sincera, que el espacio físico que ocupas en el mundo es algo extensible. Tus cinco minutos parecen ser cinco años y si te digo que voy por Moncloa y que tú ya estás bajando no es lógico que al llegar mi cuerpo y yo a Callao tú aún no hayas hecho eco de tu presencia en el cuarto de baño. Pues me quedo con la copla. El problema es que si yo también me encuentro en otro espacio vital atemporal, lo evidente es que no coincidamos ni comprando el pan, pero en fin, son pequeñas minucias que podremos limar con el tiempo. ¿Cómo es que no hemos discutido nunca? Vaya carácter tenemos, amiga.

Retomando lo que iba a decir, que no es otra cosa que un caso surrealista. Te esperaba en la salida del metro cuando de pronto vi a un muchacho con un paraguas que decía: Organizo visitas guiadas por Madrid. Cerré los ojos un instante y estaba rodeada de jóvenes de aproximadamente quince años, y es que pude escuchar que cursaban tercero de la E.S.O, no sé qué letra, con cámaras de fotos, dos profesoras y una lengua endiablada. Se me acerca un grupo de hienas riéndose y me pregunta la líder, la más dicharachera, que si me podía sacar una foto. Recuerdo mi reflejo en el cristal de mi portal hace cuarenta minutos. Ojeras, coleta porque no me apetecía peinarme, sudadera enorme y desteñida azul, pitillos negros, unas zapatillas de colores y una chaqueta vaquera desgastada. Eso sí, bolso de marca, que me lo regalaron en Navidad. Gafas de pasta y un aro en la nariz. NO. ¿Entonces no te importa?. NO, que SÍ me importa. Es que vas monísima. ¿Lo he reproducido bien? ¿Monísima? ¿Soy muy mona? Tendré que ir al veterinario, a ver si me da cita para el 30 de febrero que creo que cae en domingo.
A todo esto, no tenía más armas en la mano que mi teléfono móvil, así que lo enganché para decirte que movieras tu culo hasta donde yo estaba. Me han sacado la foto, varias de hecho, y ahora temo que pueda estar en alguna red social. ¿Tuenti? Que Dios me guarde en su gloria.

Recuperándome y a la espera de unas líneas tuyas,

Espero que podamos vernos pronto.

PD. ¿Sabes si Nela y Bea siguen esperándonos en la puerta de la Nacional? No sé que fue de ellas durante los veinte minutos que tuvieron que esperarnos.

PD2. Sí Nela se ha convertido en una estatua me la pido. Si sale con los dedos en forma de V me la vuelvo a pedir. Tú te quedas con Bea, que es más mona y ya sabes que a mí las cosas adorables no me gustan tanto como lo fatal. Además le gusta ese viejo diplodocumático chileno.

PD3. ¿Sabías que hay putos en la salida del metro de Sol? Ancroyable. Cuida de Luis.

22-05-2013

Te abraza,

Andrea.

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Noticia breve

Total, que ayer fui a ver a mi abuela a su casa. Qué importa que esté en la otra punta de Madrid, ojo, así es más divertido. Paso por la facultad de veterinaria, esas vacas de dos colores, qué si no. Luego un túnel en el que sólo puedo conducir a setenta, pero qué horrible, y mientras conduzco a velocidad tres pies, anciana y bastón, veo la Almudena sin iluminar porque es de tarde. Que no es de noche , pero tampoco de día, es la hora de unas pastas con zumito. Y por encima de mi coche negro y yo el teleférico verde, verde, con cabinas que dan miedo miedo, a pesar de no tener vértigo.

En la radio ponen Supertramp, ya vienen avisándomelo desde hace semanas. Son una radio que pone rock, sin presupuesto, sin neuronas, por eso se llaman Rock fm. Lo mejor es no complicarse. ¿Nací con cara de Andrea? ¡Ay mamá, que no quisiste complicarte! Es por el lunar de la palma de mi mano izquierda, que lo sé, que soy determinista, que por eso he suspendido sintaxis, porque en la parada de al lado de casa no hay quien coja uno a cualquier hora del día.

Conducir es divertido, más si has suspendido seis veces el carné de conducir y han acabado dándotelo en una comunidad autónoma vecina por compasión, y eso que yo en Toledo, o mejor, yo de Toledo poco. He desarrollado una resistencia digna de un megalómano a los ”no aptos”, por eso Marina, sí tú, mi ”suspensora”. No me importa, es decir sí pero ¡Basta! Soy fuerte. Mira que te la juegas con alguien de mi talla. Seis veces y un sarpullido intenso por el estrés durante dos meses. Arriquitaun.

Que digo, que llego a casa de mi abuela antes del equinocio y me mato, de forma literal. Llegamos y me bajo del coche, porque se me ha olvidado aparcar. El transporte público me motiva más. Mi madre aparca por mí, ella tampoco sabe manejarse con mi cochecito, con la pequeña Lola, es que tiembla cada vez que le pongo a los Kinks, yo que sé, debe ser algo mágico. No lo mete a la primera, sino a la quinta. Si cuela bien, sino espero. Espero. Espero que en julio apruebe, a que sí. ¿A que sí? Que tuviera que coger a Cernuda ayer a las dos y treinta porque no me podía dormir… ¿Qué tienes Luis, que invoca la paz en la purpúrea pared de mi cuarto? ¿Qué? ”Sobre la tierra estoy, déjame estar. Sonrío; a todo el orbe, extraño no le soy porque vivo”. Dí que sí, y así pasen cinco años.

Y no viene de pronto un macoy en un coche amarillo, como Raquel del Rosario en Eurovisión, y se estampa contra una verja rompiendo todos los setos verdes lluvia e incendiando el motor, como Raquel del Rosario en Eurovisión, y no para de echar barro con las ruedas que no arranca ni para atrás ni para alante, como Raquel del Rosario al principio de su actuación. Nos asomamos los tres, porque somos unos cotillas. Diego, mi madre y yo. La de la cara que merece mi nombre. Total, que el coche es robado. Ha dejado la calle hecha un cristo. Justo arriba del ¿estropicio? una mujer no para de tocarse la cara, algo así como en el cuadro de Munch y un montón de humo blanco, blanco, blanco. Ay, es verdad, que ya tenemos Papa, fuera palomita, fuera. Mensajera.

Ha roto, es decir, se ha llevado por delante tres cubos de basura y dos pitotes, no sé cómo se llaman, de metal. Le doy una patada a uno que está cerca mientras contemplamos la escena. Me he hecho daño. Están duros y hay que ver qué golpe se han llevado mis zapatillas nuevas. Pero cuánta inteligencia. ¿Marina, qué pasa, no ves que de mi mente salen pepitas de oro? El tío erre que erre, que lo saca por su narices. Le echan una mano levantando la parte delantera del coche. Me hago la inteligente y me invento algo de que se le ha roto el eje delantero que si tracción trasera a cuatro bandas que si mp3 integrado de última generación, pastillas de freno incluidas, parachoques anti-personas… ¿De qué estábamos hablando? Bien, pues, sale del seto. Sigue por la calle. Le da igual haberse llevado la casa de David el Gnomo por delante, así que un par de niños con uniforme son el menor de sus problemas. Una furgoneta de minusválidos espera que termine la faena. ”El maestro le clava las dos banderillas al cabestro, buena tarde en el palco de las Ventas, olé que ole”. Mi hermano se echa las manos sobre la cabeza, el coche está de siniestro, pero sale huyendo en una calle de quince kilómetros por hora a setenta. Volvemos a los setenta. Qué rápido y qué lento a la vez. Cuando murió Franco todo fue más deprisa. En los setenta.
Sal, sal, azúcar, sale, sal, sacarina baja en grasas, sale, las ruedas van dándole patadas al depósito de agua del motor que está enganchado por una correa como un perro. Parece un futbolista, metiendo gol al llegar al semáforo en rojo del final de la calle ante la atenta mirada de todos los cotillas, que éramos muchos. Realmente robar, destrozar mobiliario público y darte a la fuga son juegos de niños ante un semáforo en rojo. Realmente al macarra le impone tanto respeto que decide esperar. Eso sí, luego sale flechado.

Después de esto, vamos al portal de casa de mi abuela. La maceta tan viva y tan floral de la puerta ya no está. Vaya. ¿Lo recordaba así? Ah no, no Pone un letrero, que mejor que robar, los vecinos regalaban la planta directamente. ¿Lo habrá leído el ladrón? Mi abuela vive en un primero, pero tomamos el ascensor porque sube un vecino chino muy simpático. Al plimelo, al plimelo. Sí, al segundo.
¿Dónde te vas abuela? ¿A Grecia? Opa, opa. ¿Tú también te marchas al exilio?
Y qué pasa. ¿Hoy nadie está triste por Paz? No la paz mundial, que esa ya la piden las supermodelos en el certamen Miss Universo. Es un cliché. Hablo de esa mujer excepcional que no sabía el sinónimo de sombrero de copa que empieza por la letra ”g” y que supuso su derrota ayer en Pasapalabra. ¿Qué deseo más nole, aparte de comprar un libro de Martín Gaite a cinco euros, puede existir que una mujer que quiere ganar el concurso para volver a sentir la magia de Perú? Pero hombre, pero hombre. Estos juegos de la tele… realmente consisten en saber y ganar. Mirad sino a Jordi Hurtado, ni vótox ni deporte. Salir en un programa sin audiencia, con preguntas de literatura y algún que otro hombre o mujer con carrera y trabajo-excepcional- rejuvenece. En una palabra: Fuenteovejuna. De la juventud.

AToribio.

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Sí Christoph Waltz, mi amado. A mí también me pica el ojo. ¿Me rasco? Bien, bien.
Que por cierto… ayer pensando, que digo. ¿No es más interesante crear?

Pero cómo mola volverse un pensamiento absurdo a veces, ¿Eh? Que a lo mejor lo que os acabo de contar ni ha sucedido ni nada. O sí.

Observemos la realidad…

Y así,envejecer

Viven separadas por una pared
Echa de sudor con los años, algún
Que otro miedo, y un par de cadenas de oro.
Por lo demás, viven en el mismo cuerpo.

A ella le funciona la memoria,
Y los pies de la otra bailan claqué.
Ahora ya sólo espero la muerte,
El imserso y yo a Grecia, estáte igual.

Cuando vuelva. Nunca fueron de amor, no
leyeron a Gustavo porque así se
lo hicieron vivir. ‘’A ti no te quiero’’,

‘’Y tú destierra el cariño’’. Por eso
Vieron crecer a los hijos de una, con
ilusión de imaginar de la nada.

AToribio.

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WE CAN BE HEROES, JUST FOR ONE DAY.

Esperando a Godot.

Buenas tardes, os presento al genio: Samuel Beckett.
Le conocí a través de mi amiga María, y de un cartel en la puerta de nuestro módulo. Os lo adjunto:

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Se podrían apuntar muchos datos bibliográficos, como que fue dramaturgo, novelista, crítico -como todo hijo de vecino- y poeta irlandés. También que es la figura clave del teatro de lo absurdo -fantástico- que recibió el Nobel y al enterarse se sumó en un mutismo absoluto, encerrándose y apagando el teléfono, que compartió tiempo con Borges y con Arrabal y que fue discípulo de Joyce, cuyo ladrillo quiero comprarme próximamente. El Ulises.

Sinceramente hacía mucho tiempo que no iba al teatro, desde El perro del hortelano en el Pavón, y tenía muchas ganas. Fui con mis amigos, salvo Nela, ausencia debida a un motivo no menos dramático, realmente algo engañados. María y Marcos sabían perfectamente, conocían lo extraño de Beckett.

¿Cuál es el argumento?– le pregunté a María mientras subíamos hacia nuestros asientos.
Lo bueno es que no tiene argumento– se rió.

Para poneros más o menos en situación diremos que Samuel nos presenta a dos personajes principales que concentran todo lo que conforma a la raza humana: dos mendigos descorazonados con un alma extensiva, esperan y supeditan su existencia a la figura de un tal Godot. El tiempo no existe, se limitan a intercalar diálogos, que no monólogos. Max Aub en Torres Campalans dice que los monólogos no existen pues el hombre siempre se dirige a alguien, las palabras no se derraman sobre un espacio vacío. Que nadie escuche o conteste ya implica la existencia de ese vacío, impersonal, sí.

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El caso es que entre juegos de palabras, que encubren un tiempo que se escapa pero que sin embargo es circular, Beckett nos presenta la problemática de la existencia del hombre. Hoy somos, pero mañana podemos dejar de ser y de tal forma el tiempo nos moldea como quiere. Esperar a Godot no es más que una fórmula nueva cuya significación no es más que lo evidente. El hombre espera, sin sumisión, a que los acontecimientos de su vida guíen su destino y se deja llevar por unas circunstancias que no dependen de nadie, más que del azar. Es completamente maravilloso.

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Además es una obra magnífica, quizá esté exagerando, pero es que me gustó muchísimo y no puedo ser parcial. El espectador choca con el universo que se está creando, se compadece del pobre Vladimir (Didi), que parece ser el único consciente del fracaso de la especie humana, se ríe con el trozo de carne que representa el personaje de Estragón (Gogo), que somos todos nosotros, esa parte de nuestro ser que se pregunta por qué y para qué cuando puedo quedarme contemplando cómo crecen los árboles sin preguntar por qué. O simplemente mirar unos pies, que llegamos a creer que ya no le pertenecen. Gogo es el individuo que todos querríamos ser, cuyo máximo problema sea tener un par de zapatos de una talla menos.
Algo que no conseguimos entender, que creo que no importa mucho, es el rollito-tabú-eufemismo-simbolismo sexual que se traen. Las cosas interesantes no deben ser reveladas sino quedar en el aire, que están mejor.

Realmente invito a todo el mundo a verla, aunque creo que esta recomendación llega algo tarde, pues si no recuerdo mal el último día es mañana, de todas formas a nadie mata leer, ¿no? (O sí). La traducción corre a cargo de Ana María Moix, mujer que forma parte de los nueve novísimos como Martínez Sarrión que vino un día a nuestra universidad a hablarnos- espléndido-.

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Os pongo parte de una composición de ella…

Pasaban de las doce de la noche cuando regresaba…

Pasaban de las doce de la noche cuando regresaba
a casa, y juro que no bebí, pero allí estaban los dos, ju-
gando a cartas a la vuelta de la esquina. Eran dos som-
bras para siempre enamoradas: Bécquer y Ché Guevara.

Para terminar os dejo la dirección del pdf de la obra. No sé si cuestiona muchos principios- mis principios- pero bueno, merece la pena invertir. La feria del libro está ahí, ahí, ¡YA ESTÁ CASI! Porque todo sea dicho, se tiene el en libro electrónico y lo más probable, en la estantería. Si gusta ahí tiene su sitio. ASÍ DEBE SER.

http://ultimorecurso.org.ar/drupi/files/becket.pdf

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Recomiendo la edición de Tusquets, de Ana María Moix también. De esta editorial si no recuerdo mal hay dos cubiertas diferentes. Están bien-

”Hay que pensar en ciertas cosas, cosas que te habitan por dentro, o no, mejor sí, hay que pensar en ellas porque si no pensamos en ellas, corremos el riesgo de encontrarlas, una a una, en la memoria”

”Eso que llaman el amor es el exilio, con una postal del país de vez en cuando”

”El mar, el cielo, la montaña, las islas, vinieron a aplastarme en una sístole inmensa, después se apartaron hasta los límites del espacio. Pensé débilmente y sin tristeza en el relato que había intentado articular, relato a imagen de mi vida, quiero decir sin el valor de acabar ni la fuerza de continuar”

– Andrea Toribio.

A ver si mejor algo el tiempo, que así no hay quien baje al sur a disfrutar de la libertad.

Perdernos más, ganar menos.

La inmensa mayoría

Hemos nacido vivos, dando gracias
De no vivir muertos, mutando espejos.
Nuestros ojos son cristal lúgubre,
Que se quiebra al volverse brecha en rabia.

Con esta barrera, aislados, así
Vivimos, más algo heridos
Podemos ser libres, queriendo a solas,
Incluso también, mentirnos a oscuras.

Amemos, besemos, comamos, también
Viajemos, matemos el tiempo y para
Protegernos, levantémonos juntos.

Pues si nos dejamos vencer temprano,
Deberemos olvidar lo que nos ha
Sido otorgado por derecho. Vivir.

AToribio.

Alvaro García

Fotografía de Álvaro García para El País. Plaza de Sol, Madrid.

Que alguien me recuerde mañana que tengo que contarnos lo mucho que me gustó la obra de Samuel Beckett, Esperando a Godot, que la fui a ver hace dos días ya.

Sensación de poco sosiego.

He terminado las clases y también los exámenes. Tengo las mejores notas de toda mi vida- al menos que recuerde- porque estoy en un lugar que me hace feliz y creo que lo justo es corresponder y responder. Pero siento que algo no funciona como debería.
Siento que debería vivir en un estado de indignación continua pero va a acabar destrozándome la existencia así que como aquí puedo expresarme con y por la libertad voy a hacerlo. Y ya veré qué sale.

Una compañera de clase escribía en su blog lo indignada que estaba con los profesores que nos han tocado este año. Al principio he pensado, joder qué exagerada, pero es por esas cosas que suelo hacer, como hablar antes de pensar un poquito con tranquilidad y calma. De los diez profesores de este año, que han sido diez en total, salvo a cuatro. A sólo cuatro salvo de la quema y de la caza de brujas. No me gusta nada la enseñanza a distancia y en algunas ocasiones así me he sentido. Supuestamente aquí venimos a aprender, a ser, a vivir, a convivir, a darnos cuenta de que hay algo más, ¿no? He tenido que preguntarme y contestarme en más de una ocasión que ésto NO era así. Yo no quiero que me cuelguen unas diapositivas en ninguna plataforma universitaria para que luego llegue a mi casa y lo imprima y me lo estudie, porque me parece poco útil. Pero tampoco quiero ver el fichero de una asignatura con folios con dibujos porque es lo máximo que se ha estimulado mi cerebro durante la hora y media que dura la clase de fulanito o menganita.

Luego está lo que me quema por dentro y me hace pensar por qué, señor, que no tienes culpa de nada, por qué. Te esfuerzas, te matas a estudiar, te levantas a horas inhumanas, llegas al examen, quieres hacerlo lo mejor posible, quieres demostrar lo que has trabajado y ocurre. Copian con el teléfono se sacan los apuntes y la profesora mientras tanto en esa especie de tarima Parnaso se dedica a leer el periódico con el ordenador, escuchando mensajitos de teléfono a lo que dice: Por favor chicos, apagad el teléfono. Dos barreras que imposibilitan vigilar un examen de una enseñanza superior, universitaria. Si lo llego a saber me meto a cualquier otra carrera. Total, cualquiera puede sacarse el título de filología. Quizá algunos piensen, que tú no copies y suspendas es tu puñetero problema, pues vale, todo muy ok. Me da igual. La teoría del fracaso alimenta mis esperanzas. Si copias fracasas y es así de simple. Yo suspendo, pero suspendo por mí misma y tengo el orgullo de aprobar también por el mismo motivo que no es otro que el ser yo misma. Amo la filología, la amo tanto, que casi me duele. Soy una friki, como decís vosotros, como dicen algunos que siempre se sientan atrás en clase y que muchas veces han hecho que el profesor se callara durante unos segundos. A mí personalmente me da igual. No quiero que esto se convierta en material incendiario porque no es ese mi propósito. A mi la filología me duele. Me importa más bien poco que en una carrera donde la acción de leer es como el respirar sea una actividad de empollones y de raros tal y como dicen. Me da igual. Es como hablar de médicos que no soportan ver sangre. Sacarse el título a base de copiar me parece estupendo, y lo que me molesta es que al final acabaremos con el mismo papel bajo el brazo. Pero quizá sea un título vacío. Tan sólo eso.

Yo estoy en la carrera porque la literatura me corre por la sangre y sale por mis ojos. No rechazo la gramática porque entiendo que no es importante sino muy necesaria. Si dices que eres más de gramática para justificar que no te has leído un libro en la vida no entiendo qué está pasando. No lo entiendo. Si tanto te gusta la construcción de la lengua que sale por tu garganta, ¿Por qué copias? ¿NO TE FÍAS DE TU ”PASIÓN”? Creo que así no vamos a ningún lado. No me sirve la justificación de: Si suspendo tengo que pagar. ¿Y por qué no te has esforzado como todos? ¿No éramos todos iguales? ¿No da la universidad las mismas oportunidades a todos? Parece que no tiene solución.
Lo importante es esforzarse en todo lo que uno piensa que merece la pena. Y decir que estás en el lugar que quieres porque tu esfuerzo se ha visto recompensado. Ahora qué debemos hacer. ¿Ser malos compañeros? ¿Ir al profesor de guardia? Yo desde luego no pienso mover ni un dedo. Seguiré, porque hay que seguir. E intentaré dejar de ir de intensa por la vida y pensar en silencio.

En fin, esto ocurre aquí y en el Perú. Y no tiene solución. Pero el emblema de mi blog es: Me parece una pérdida de tiempo no hablar de nosotros. Y así es. Hablo de mí, de otros, de todos. Porque soy libre como vosotros, como tú, como ellos…Libres, somos libres. Pido perdón si a alguien le ofende o le hiere, pero es como pienso, y prefiero decir las cosas de frente y no esconderme porque yo soy yo en cualquier circunstancia y no puedo dejar de ser.

Lo único que le pido al año que viene es poder elegir, y seguir aprendiendo. Sin límites estúpidos. Y contemplar la generación del 27, a la que amo.

Andrea Toribio.
Pongo mi nombre, y mis apellidos, porque una profesora me ha enseñado este año que mientras que mi nombre salga de mi boca me pertenece. Gracias Selena.

Adriana Lestido (1)

Foto de Adriana Lestido, El País. Se está convirtiendo en una habitual aquí.

Así quisiera ser en una de mis múltiples dimensiones. Enseñar, enseñar, que no es otra cosa que dar alas a la vida humana. Enseñar es sino lo más bonito, una de las cosas más bellas que jamás he visto. Y enseñar duele, y es hermoso, y es gratificante, como me han dicho hace poco, y es sacrificado pero merece la pena. Debe haber más gente así. Que ponga todo lo que lleva dentro para quedarse en tierra, y como ya he dicho, que otros vuelen. Y poder hablar con un alumno y que te diga: ”Ah, esto es así por esto” y yo contestarle: ”Sí, esto es así por ti y por todos nosotros”.

Muerte número tres.

Veréis. Últimamente. Yo.
Veréis, últimamente yo no me encuentro bien. Siempre que llego al portal de casa de mis padres, siento que el mundo se para y yo sigo en movimiento contemplando una serie de acontecimientos pues que no. Que no me corresponden y tampoco me representan. A nadie le gusta meterse en conversaciones ajenas ni anejas. Anejo el vino, el ron y alguna carta de algún que otro amante en la mesilla. Es que una vez estuve con un tío bastante cursi, la verdad. Y yo le dije que a mí Bécquer pues que un poco de repelús, tanta flor, tanta flor. ¡Al convento hombre, al convento! Satanás…

– Cuando no se puede no se puede.
– Y tanto, menos mal que lo dices.
– Nos días.
– Hombre, la hija de Isabel.
– Sí bueno…
– Pero qué crecida estás
– Ya tengo veintiséis años…
– Ya, ya
– Y qué estudiaste al final
– Filología hispánica
– Ay pobre, y vienes a casa de tus padres a vivir y a que te echen una mano, ¿no?
– Pues no la verdad es que me va bien, tengo casa propia y trabajo.
– Pues hija, ponle un par de velas al santo, porque mi sobrino estudio lo mismo y lleva desde que salió sin trabajo.
– Me importa una mierda
– ¿Qué dices?
– Que hay que ver cómo el tiempo se estropea
– Desde luego
– Quizá es porque no se ha movido lo suficiente, no ha opositado, no ha pensado en irse a enseñar fuera del país…
– Ya, ya la verdad es que no ha hecho nada de eso
– Pues entonces qué, de qué se lamenta.
– Pues ha venido la ambulancia hoy
– ¿Ah sí?
– Sí
– Entiendo…
– Luis le ha metido una puñalada por la espalda a Cristina
– ¿Queeeeeeé?
– Los del noveno.
– ¿Y cómo ha ocurrido?
– Pues el marido, que se cansó de ese maldito reloj de cuco que tienen en el salón. Que le volvía loco, que no le gustaba, y ella erre que erre que si era herencia de no se quien, que si dentro de unos años se revalorizaría mucho, que si en caso de necesidad que si tal y cual. Él trabaja en su tesis y no lo resistió más. Con un cúter, ala, sin ningún remordimiento. ¡Para que vuelvas a piar y a sonar y a molestarme! Se volvió loco. Pobre Cristina, las cosas del amor, la vida, la herencia, ¡el maldito dinero!
– ¿ Y cómo saben ustedes todo eso?
– Eh… pues… nos lo han contado.
– ¿Ah sí? ¿Quién?
– Pues ya sabes hija, las cosas que se cuentan, al final todo se sabe.

Pensé en Cristina, esa maldita que tiraba canicas cuando yo dormía y sonaban fuerte en el techo de mi cuarto. Tacones a las cuatro y media. Cenas familiares a las cinco de la mañana, moviendo todos los muebles del salón. Esa manía de tirar de la cadena a las dos y pico de la mañana. Ese maldito reloj que me hizo preguntarle a mi madre si teníamos algún campanario cerca de casa. Siempre marcando las horas. ”Mamá, para qué voy a comprarme un despertador pop en Ikea si tengo el pitido ese insoportable cada media hora? Pues la verdad es que llevas razón”. A mí el marido y la tesis me dan igual.

– ¿Y el niño?
– ¡Uy! Y el pobre Carlos ha tenido que limpiar todo el descansillo, lleno de sangre, arazaños en la puerta, la pobre agonizando…
– Entonces, ¿murió o no?
– No, no está ingresada muy grave, consiguió coger la impresora y tirársela a la cabeza al marido, que se quedó inconsciente. El niño llamó a su abuela, que llamó al número de emergencias, vino la policía y se armó un Cristo de muy señor mío. Dijeron que eran ”pequeños problemillas de convivencia” pero vamos, que unas veces se quieren y otras se matan, porque vaya gritos verdad Maribel.
– Totalmente, qué poco pudor…
– Entonces, ¿e niño?
– Con la abuela. Les hemos visto antes, nos ha sacado la lengua. Pobrecito, vaya ambiente.
– Mira, si tienes tiempo, baja por la escalera que da a la piscina en lugar de ir por la escalera de servicio. Abres la puerta y ves al muerto.
– ¿Al final alguien ha muerto?

Cuando abrí la puerta me esperaba algo mínimo de la factoria Manson.
Un enorme reloj de cuco, que no era un cuco sino un cuervo negro, de metacrilato y madera astillada y fea, hacía de algombra sobre las baldosas de granito blancas que se llenan de babosas y cucarachas en verano con el calor.

AToribio.

Adriana Lestido (3)

Foto de Adriana Lestido, El País.