Laura

Supe que estaba enferma contemplándome en el espejo, una de esas noches en las que crees que no puedes dormir pero estás sumida en un profundo sueño… Me levanté al servicio. Jesús estaba dormido. De lado. Le gusta dormir de lado, cerca de la ventana, porque así puede leer y pasar las páginas sin sostener el libro, iluminando el título el techo del cuarto. No. No, por la sencilla razón de que sus manos no contienen la emoción y tiemblan.
Me apoyé en el lavabo para enjuagarme la cara, y quitarme de encima las malas sensaciones. Cuando levanté los ojos me miré fijamente y me vi. El pelo me tapaba la mitad del rostro. Parecía cansada, algo enfermiza por el tono amarillento que poblaba mis mejillas, y mis labios no tenían color. Un sudor frío me recorrió la espalda. Me aparté el mechón empapado de agua y una mujer llena de vida, incluso con brillo en el trasfondo de un ojo verde… destilaba belleza pura, sin maquillaje. Me asusté, la muerte es algo que no hace marchitar, sólo nos sume en el absoluto silencio. Las venas de mi cuello comenzaron a palpitar y mi corazón…latía tan tan tan fuerte que parecía que la tela del tambor iba a romperse.
Me fui a dormir, destapada, quería sentir que el frío de los azulejos del baño sonaba en mi almohada. Volvió esa sensación de desaliento cuando las primeras gotas del grifo comenzaron a repicar y me acordé de nuestros viajes a la India… los que duraban un par de meses… solos tú y yo, donde nadie pudiera vernos… alejados de la gente, de los problemas…

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Alejados del cáncer. Porque así lo llaman los médicos, y él lo desconoce. El cáncer que está mudando mi cara, que parece que cada día estoy más sana y mi organismo ya no responde. Mi rostro no se corresponde con la batalla que sufro. Mis piernas ya no aguantan esperar el autobús, y mis brazos… mis brazos ya no saben abrazarte porque han olvidado terminar de hacerlo. Ya no lo recuerdan, porque no saben cuánto durará… y me dices que últimamente estoy más cariñosa, que se me ve de otra forma, y te dejo que pienses que me han ascendido y que ahora soy directora de departamento, cuando mandé a mi jefe a pastar a valles gallegos porque me han dado meses, me han dado meses de vida que ahora se confunden con mis pocos años. No tengo miedo, aunque los cardenales de mis muslos digan lo contrario. Ya no dejo que me toques la entrepierna, prefiero que me acaricies la piel que cubre mis hombros como una piel de zorro…¿Por qué nunca fuimos a Cuba?… prefiero que me beses únicamente donde no me duele. El alma.

Te has enterado, de pronto, porque me he caído al suelo mientras cocinaba. Y hemos ido al hospital, a otro donde nunca había estado, por eso no estaba mi médico y me he librado de que supieras que llevo cinco meses despertando y agradeciéndole a la vida un día más. Y ahora me agarras, con fuerza. No te separas de mí. Tan sólo dos meses tenemos juntos y quieres que cada día sea un año. Y no paramos de ir de un lugar a otro, fundiendo el dinero que no tenemos. Y me has ayudado a hacer una lista de libros que leamos, porque no quieres que lea sola, quieres que lea contigo, que te lea en alto, porque comenzaste a querer por ello. El hombre que estuvo antes de ti no quiso saber más de mí porque mi voz le parecía demasiado bondadosa y tú… tú me dijiste que era un disfraz, que lo querías, que las penas serían menos amargas contadas a través de mi garganta y yo… yo te quise y me confié a ti. Y ahora no sé decirte que espero que algún día vuelvas a ser feliz, que yo me voy, pero tú te quedas. Porque debes seguir viviendo, y encontrar otra melodía que acompañe tu vida, algo que te recuerde que siempre hay que recordar.

Leamos entonces a Milan Kundera y sus amores absurdos, leamos juntos y seamos grotescos. Recuerda y no olvides que si el amor no es un disparate, no es amor. No te abandones al silencio, ni al calor de una fotografía. Sigue en el mundo, y no lo hagas mudo.
Por último despiértate, despiértate…¡despiértate! Quizá sólo haya sido un sueño… que todos lo seamos.

Claro que sé que escuchas la radio. Es la única cosa que no hacíamos juntos. Tú tampoco lo sabías.

Andrea.

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