La reflexión de las ocho y diecimucho.

Me he terminado de leer el Popol-vuh, para quien no lo sepa, se trata de una especie de ¿mitología? maya. Algo así como nuestra Biblia, pero con muchos nombres díficiles de pronunciar-francamente- mucha fauna y flora y explicaciones difíciles de racionalizar para hechos extraños perse. Digo terminado, y es de una vez, porque me estoy leyendo cerca de cinco libros de una, porque llevo las lecturas mortalmente atrasadas. Creo que comprobaréis que yo siempre voy al día, fenomenal.

Tumbada en mi cama, he comenzado a reflexionar sobre lo que acababa de hacer. De reojo estaba viendo- tal y como ahora hago– el libro De sobremesa de Jose Asunción Silva. Acababa de terminarme un libro, bien. Sí. Mientras lo leía lo había roto, empotrado, realizado la conveniente autopsia y había dicho : ¡Siguiente!. Lo había devorado y ahí estaba yo regocijándome- esta palabra la usan demasiado en el Popol- de lo bien que me había sentado.
Había aprendido, viajado, había reflexionado, pensado en hacerme un tatuaje con la palabra wuj había hecho diversas asociaciones de ideas y lo cierto es que estaba satisfecha. El otro día me dijeron que la filología no es aquella carrera- divina– en la que a uno le nutren engordándole bien, le meten al horno y Enhorabuena señora, ha parido usted a un escritor/a. En cierta parte así lo pensaba hace tiempo, y no sabía cuan equivocada estaba.

Hago un inciso para poner esta canción, que sé que a Lola le gusta.

El filólogo es aquel que desmenuza los textos, los abre, coge lo que le sirve, los critica y luego a vivir, y a frotarse los ojos de vez en cuando, para que no nos sobrepasen las historias. También hablan la lengua, la rompen, la estrujan, beben una cerveza- porque esto es así, ya que en ocasiones es duro tener algunas respuestas universales en la mano- la comentan aquí y allí. La expanden, la estudian, la panifican y la pacifican. A nosotros no nos vale un yo hablo como me han enseñado mi padre y mi madre, queremos un tal y como hiciesen tus abuelos también.
Es emoción al escuchar nombres como Menéndez Pelayo, Lázaro Carreter, que te hablen de la señora Lida, ver un bar cuyo nombre sea Dulcinea… yo que sé. Esas pequeñas cosas de cada día. Supongo que la gente que dedica su tiempo a otras disciplinas debe ocurrirle lo mismo, si no ruego un stop.

Escribir…escribir como tal… bueno. No creo que sea nuestra tarea, nosotros estamos para cuchillo en mano preguntar el por qué. Se trata de algo libre, diría que cualquiera puede escribir, y es cierto pero preferiría que fuese alguien con un mundo dentro de sí. Soy algo clasista.

La filología es el estudio de la palabra, y nosotros sólo somos consumidores de una ciencia que brota verde y azul. Sobre todo en primavera. Espero que hayáis ahorrado lo suficiente. El parque del Retiro será nuestro fin, como cada año, dentro de un mes, sobre estas fechas…

Ahora me voy a perder un poco el tiempo, tanto de tanto me desborda. Me va a reventar la cabeza.

Feliz viernes. Porque lo es.

Pd. Escribí hace unos días por Twitter que pensaba que María de Jorge Isaacs- también lo terminé hoy- era la versión pastelosa y light de la Lolita de Nabokov. Lo sigo manteniendo. ¿Que si es un libro que recomiende leer? ¡Claro! Leed a Vladimir.

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