Ruptura (4).

Haces muy bien echándome de menos, porque yo a ti también.

Realmente no creo que exista el amor. O puede que sí. Pero lo pongo en duda.
Crece de pronto, pues anda dormido, y despierta como si no hubiera un mañana. Y luego desaparece. Es un golpe de calor. Puede que a Carmen le sucediese lo mismo.
Yo creo que amó. Y si no, una parte de su corazón, estoy segura, llegó a entregarse. Por el corral de gallinas que se suelen juntar en el portal, sé que estuvo casada con alguien que no debió apreciarla. Las sacudidas, debió traducirlas mal y tarde. Por sus mejillas pudo correr la escarcha y lo violento que resulta amar en balde.
Recuerdo una noche, de madrugada. La voz de un hombre despertó a varios vecinos. El que por aquel entonces era su marido, estaba borracho en las escaleras de la puerta de entrada. No paraba de dar golpes al telefonillo, pues había bebido tanto que no conseguía ver el piso. Realmente no creo que en la vida le tocase, nada físico, pero me temo que pudo ser peor …cómo debió sentirse por dentro todos esos años… a veces me pregunto qué me hubiera dicho sobre el amor. El amor de una vida, qué se yo. Pienso ahora en si hubo boda tradicional. Vestida de blanco, mecida sobre una nube de miradas amables y buenos deseos para un futuro de lo más cercano. Puede que incluso él llevara un buen traje. ¿Qué conserva de aquel momento? ¿Cómo sería ese álbum de fotos?¿Quién fue el padrino?¿Y la madrina? Y sobre todo… Carmela, su madre, ¿dijo toda la verdad? ¿Cuándo comenzó a vivir, convivir con la mentira? Tendré que volver sobre esta idea…

Mi madre me dijo que gritó tantas veces su nombre, que su voz corrió por las calles laterales, por entre los arbustos y los bancos pintados de mi barrio. Puede que incluso llegase a asustar al león de la carpa del circo, en el descampado que se ve desde el banco de fumar. Incluso cabría pensar que en un momento dado, Carmen se quedó sin voz. Sin nombre. Nunca me había planteado algo así. Quedarte sin nada. Yo creo que por eso, al día siguiente todos supimos lo que había pasado esa noche, todos supimos- de nuevo- que algo no iba bien. Creo que volvió a ocurrir otra noche más, no se le entendía muy bien, eran palabras más grandes que que… que cualquier cosa que yo sepa. Eran dolor. No de forma tan evidente diré que le pedía dinero, para escapar de una realidad horrible. Como todos un poco. Pero así no. Así no.
Pasaron un par de semanas, y un día, al bajar de paseo a la calle, girando a la derecha, había un gran graffiti, no muy cuidado que ponía: Carmen kamello.
Paco, el que era mi portero, se pasó toda la mañana limpiándolo antes de que bajasen sus padres y lo vieran. Yo creo que Manolo si lo vio, pero su mujer no. Lleva prácticamente toda la vida padeciendo del corazón. Ahora yo no sé nada de Paco, salvo que está en el hospital y que apenas puede hablar. Al final todos nos veremos más pronto de lo que creemos. No por morir, porque nunca llegamos a hacerlo, al estar al menos en boca de quien fuere.

AT.

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10 comentarios en “Ruptura (4).

    1. —«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
      en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
      en el cinto la espada y en la mano el azor,
      el feliz caballero que te adora sin verte,
      y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
      a encenderte los labios con un beso de amor».

      1. Pues claro, grabado a fuego. Por cierto, mucho caballo con alas, espaditas y azores, mucho ganar a la Muerte… pero me parece a mí que ese caballero, sin gafas, lo lleva claro.

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