¿Otra vez?

Hace unas semanas… escribí un relato corto para el concurso de la librería la Central, era para los mantelitos del Bistró. No debí leer bien las bases del concurso y me excedí con las palabras. Ya escribiré otro. Si vivís en Madrid es un lugar tan maravilloso que que que ¡Ay! qué maravilla. Una vez a la semana no hace daño, pero concretamente a mi amiga Lola, a mí y a nuestros bolsillos, es hiriente.

Besos a todos.

– ¿Me quieres?
– Sí.
– Entonces, ¿cuál es el problema?

En la Central

¿Otra vez?

El tacto frío del metal sumó a unas líneas circulares, en el profundo caos de verse uno así mismo, reflejado. La luz de la habitación entrecerraba sus ojos cuando se enfrentaba al hierro que unos dedos temblorosos sujetaban. En ocasiones pensó que podía asustarse al continuar asomándose a esa ventana indiscreta tan estrecha, que sin embargo se resolvía en una rotonda de dudas. En realidad no era una rotonda, si no una lágrima, pero en grande. No le gustaban las cosas pequeñas. Si hubiera vivido en otro tiempo hubiera nacido en la movida madrileña. Disculpen, me he desviado del tema principal. La vida. Digo… si la vida. Si hubiese nacido en otro tiempo y en otro lugar, y encima hubiera existido la opción de elegir, hubiera sido la Faraona (ausencia honda de folclore, por favor) ¡Qué digo!, Reina y señora de cualquier paisaje en el que se hubiera podido hacer algo grande. Comencemos situándonos en el antiguo Egipto. Pero creo que esto último es algo fantasioso. Por lo tanto seamos realistas. Dueña de un lugar llamado ‘’papel en blanco’’.
Lágrima, porque una cuchara es algo así, una avenida resuelta en rotonda. Decimos esto, porque no queremos sonar tristes, y decir que es el dedo índice aproximándose de forma lenta a la cara para mudar la lágrima, sería a día de hoy un acto cruel y despiadado para con el lector.
Bien. Estamos hablando de una cuchara. Seguimos.
En aquel café la gente hablaba entre sí, pero Noelia prefería mantener una profunda conversación consigo misma y con el pastel de chocolate que estoicamente se rendía como Prometeo, cargando bajo sus hombros una tremenda bola de helado de nata. Como la tranquilidad es relativa, de pronto aparece el monstruo.
Una masa informe de forma absoluta, con una raja marcada en medio, aproximándose a velocidad, como diría algún físico con poca química, de reacción. Esto es normal, si es que hablamos de un ente parecido a una alfombra voladora, mojada con dirección los restos de chocolate que había partido la cuchara (¿la recordáis?). Aladino mientras tanto, anda colgado de la campanilla. Si es que todo lo confundimos los humanos, desde cuentos Disney hasta los deseos, si metemos al chocolate en medio de cualquier asunto… qué se yo… ¿Trafalgar por ejemplo? En lugar de armas, praliné. Totalmente, una maravilla.

Aquella lengua era la misma, que acariciaba de cuando en cuando unos labios sugerentes, en los que un vino de una cosecha, no sé de qué año, pregúntenle al empleado del Carrefour, se dejaba caer a veces. Es que a Noelia le iban ese tipo de hombres, maduros, fríos, rebeldes. De los que beben vino y se ponen cursis. La cerveza en ocasiones no venía del todo mal, en ausencia de esos tipos de pelo cano y barba. Es refrescante, joven, sin experiencia, y dura poco. Y cuando les decía con tono aparentemente interesado: – Si, sí, volveré a llamarte, ehm… ¿cariño? – Ellos quedaban prendados de una mujer que bien pudiera ser su madre. Su tía, su tía. Su hermana mayor. Una amiga. Cómo pasan los años…

– Disculpa, ¿el periódico de hoy?
– Claro, ahora mismo se lo traigo.
– Y la carta si eres tan amable…

Se pasó la mano por la nuca, fijándose en cada uno de los detalles minúsculos que adornaban la sala. Grande. Dato decente. La luz era tenue, pocas personas, hablando en susurros, muy agradecida tras la noche que acababa de pasar, mesas de madera sin mucha intención artística. Si estiraba un poco el cuello hacia arriba podía ver un agujero enorme, desconocía el término técnico, se lo preguntaría a Manuel, que extrañamente formaba una especie de patio. Tres plantas diferenciadas, gracias a los ventanales desprovistos de rejas y cristal dentro de ese rectángulo expresado en volumen. Formaban tres agujeritos preciosos.
Salió de casa, casi sin vestir, no le había puesto mucho entusiasmo al tema. Reparó en la imagen del cielo abierto y sin embargo tan frío le produjo un intenso dolor de cabeza. Parecido al que le provocaba su editor. La virgen, qué exigencias. A este le mandaba yo un par de rosarios y un poco de atención por parte de su mujer o de la querida, qué más da…
Ahora llamaba Manuel. No pensaba cogérselo. Desde que le había propuesto irse a vivir con él, en su casa, con sus cosas, el pelazo de por las mañanas, la foto de su madre, sus manías, ese abrazo mañanero que le aprisionaba sin dejarle respirar… pero por Dios. Quizá fuese algo radical. Y le apreciaba, en serio, pero no podía parar de poner excusas, tierra de por medio, hombres… ¿qué sé yo? ¡Sólo lo cuento! Venga, venga, decidido. Le diré que yo también le… qui… le aprecio. Le admiro. Le adoro. Le quiero. Quiero a Manuel leyendo en la cama. A Manuel con sus gafas torcidas y sin arreglar. Su histeria antes de presentar un proyecto ante la dominatris de su jefa…
También a su camisa negra y a sus vaqueros de fondo de armario. Pero es que asusta un poco. ¿Y si mejor… antes de todo eso… nos fuésemos de viaje?

-Aquí lo tiene. Fíjese en la portada, la gente no tiene vergüenza ya, ¿eh?
-A ver…

Se puso las gafas e hizo acopio de sus ganas de leer, fijándose en cada letra negra resaltada en Times New Roman del periódico. Del titular. Distinguió unas botas de gaucho, un abrigo de polipiel y un pelo corto, liso y desenfadado.
‘’La ciudad es sueño. ’’

-El ciudadano y una nueva forma NOCTURNA de protesta’’.

Una mujer fue ayer fotografiada, a altas horas de la madrugada, en diversas partes de la zona centro de Madrid. A la redacción de este editorial, han llegado multitud de correos de distintas fuentes ofreciendo testimonios gráficos. Curiosamente (las vueltas que da la vida), un fotógrafo canadiense, (se adjunta fotografía), Jean Shelter, cuya estancia en la capital coincide con la propuesta artística de ARCO, disfrutaba la noche madrileña en un bar próximo a varios de los sucesos, pudo realizar unas fotografías excelentes que se dispondrán en un reportaje. Texto por… pág 38.

-¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé?
-…

Silencio.

– Disculpen.

Resulta que Noelia era sonámbula. Muchas veces había imaginado ese momento de su vida en el que Manuel le pillara desnuda en la cocina tomándose un vaso de leche fría. Un momento. En realidad eso es otra cosa. A ver. La verdad es que había temido que Manuel, le dejase al darse cuenta de que ella tenía defectos propios. Que daba vueltas sola por casa, bailando y hablando sola mientras un disco del grupo de Courtney Love sonaba a todo trapo. Que le mandaba cartas asesinas escritas con la zurda, a la vecina estúpida de enfrente, firmando como Lolita y que se dedicaba a llamar a los telefonillos del portal de al lado, haciéndose pasar por la pizzera.

Un día fue más lejos y se apunto a la fiesta que tenían montada dos calles más abajo, en su bar favorito.
Y después, se había ido de karaoke, despertándose en un bañó cutre con cenefas doradas del que había salido corriendo en bota y batas. La vida, que es muy sabinera. Perra.
Esa vez había (según fuentes), paseado por medio Madrid besando esculturas, farolas, edificios, e incluso al oriental gracioso de Plaza de España, el de las rosas y las gafas con luces. También parecía que había llegado a ir al Retiro y había hecho la del Titanic en las rejas verdes, y afiladamente metálicas. Estupendo.
Notó vibrar de nuevo el teléfono en la bata. No. En el abrigo. Espera. ¿Estaba dormida? La gente ahora le miraba raro. De pronto se sintió observada. Y oyó un golpe, así como un accidente. No lo entendía, puesto que esa calle era peatonal, no tenía sentido que… se quitó las manos de la cara y vio a esas personas con el rostro pintado, cada uno de un color. Los deliciosos pasteles de la entrada estaban bailando entre las mesas y los camareros giraban sobre sí mismos envueltos en una espiral de espuma de canela, café y té.
En el patio, millones de libros abriéndose y cerrándose, volando. Temió por el lomo de esos textos… ahora tenían alas y podían llegar a cualquiera. Lectura libre.

– Dime Manu.
– Te has vuelto a quedar dormida Noe.
– Mierda. El artículo.

El despertador se había caído al suelo, abriéndose la tapa de las pilas que ahora corrían por el parqué.

AT.

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Batalla.

Simulando por
completo la vida (así nos va)
(así se nos va) completa la vida.

Basta cualquier sitio para luchar.
Dos lenguas como espadas,
soldados, lunares,
nos miran,
un territorio que se vuelve a descubrir,
y algún rezagado…una espalda.
Veinte comandantes, un mano a mano,
consiguen dormir.
Un par de almas encalladas en un tiempo de silencio
Y…olas de sábanas, sonrisas entre corte y acción,
decide el terreno de la batalla,
que sean tus labios,
no la avenida, ni el parque ni el bar.
¿Qué?
Sólo donde nos apetezcamos.

AT.

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Y mientras en Honolulu…

Siento la ausencia.
No era suficiente con el buen tiempo de Madrid, me dije a mí misma, ¿por qué no bajas al sur? Ha hecho el mismo sol, abrasador, he vuelto morenísima. Tanto, que he tenido que llevar sudadera todos los días y he usado el paraguas cada minuto- sólo por si acaso- soy una mujer previsora.

Os dejo un monstruito.

Y mientras en Honolulu…

”…Y al conocer esa muerte de poeta ,
recordé otra de mis oraciones.
<>…”

GDEn mitad de un verso, de Cementerio Civil.

Tanto decir, decir, decir
bla, bla, bla
Yo siento esto, yo digo aquello, yo quiero lo otro…
Qué malos parecemos ser.
¿Lo somos? Porque yo no tanto[…].
Unos dicen que eso,
ese agua, esta agua, el agua,
es el consuelo de los tristes.
Se puede llorar, por lo tanto agua.
Creemos que la lluvia es sinónimo de tristeza.
Creemos, creemos y algunos hasta dejan de hacerlo.
A mí me dijeron que h2o era agua,
y tuve que creérmelo- está bien, lo acepto- también la vida,
y las cosas que pasan…

La primavera, sí .
Estación ,produce alergia, lágrimas.
Siendo así no está (solamente) para los que creen sonreír de continuo
– qué dolor-
Todos somos dueños de los pasos en la tierra y los recuerdos rotos por el sueño.

¿Por qué la gente triste entonces?
Ya no nos vamos a asustar.

Quien tanto ríe, entre carca y jada, sabe que hay invierno.
Y vienen mezclados ahora, esos seres sentimentales, y dicen…
Muero de contento, muero de llanto, muero de alegría, muero de sueño…
y yo, y yo, y yo
Me muero, me muero, me muero…
¡Me hacéis morirme a mí! De puro aburrimiento.
Me hace morir, esta vez sí, morir, morir, morir, de vergüenza.
Preferiría morir de forma natural, a pesar del frío y las flores (de plástico).

Callémonos y durmamos.

AT.

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Marbella después de la lluvia y dos rayos de sol, contados.

Breve noticia.

”…crónicas desoladas y sombras,
que ya no quieren recordar…”

JH. ”Cantando en Yiddish”.
Ya lo puse en otra entrada. Marvelús.

Compró un café y se sentó en un banco de metal verde, algo oxidado. Unos músicos se ponían de acuerdo sobre lo que iban a cantar o al menos eso entendió. Something classic? Not Vivaldi! Iba sorbiendo y soplando de forma tranquila, no tenía prisa, nadie esperaba nada. Eso sintió. ¡Cling, cling! Unos céntimos cayeron en el pavimento. Un taxi los desplazó hacia una playa junto a una lata de refresco y un chicle más antiguo que todos los que pisamos la tierra. El agua de la lluvia pareció haber sido el causante de esa playa artificial según los expertos. O de los restos de aceite de los puestos de perritos calientes. Lo que fuera se hiela, hace mucho frío. Toma un par de fotografías. La ciudad cubierta de nieve, alguien tiene que venir a soplar los copos y reducirlos a olvido.
La plaza comenzó a llenarse de gente. Los árboles parecían cambiar de color. Un hombre vendía camisetas del que su corazón esperaba que fuese el próximo presidente de su gran nación, una mujer montaba un puesto con cuadros, marcos y espejos muy extraños en los que uno no podía reflejarse. No me veo, pensó. No. No hay manera, tampoco de perfil. Ahora no veo. Ah, espera. Se quitó una hoja que acababa de caer del árbol. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Se cambió el café de mano y se dio cuenta de que ya iba por la mitad.
Un hombre allí en bicicleta. ¿Qué estará haciendo? Pues pedalear. Aquella mujer con las piernas kilométricas, unos pantalones cortos y una camiseta que deja ver su ombligo baila con un aro. Se oyen campanas. Los del Hare-Krisna vienen. No. No quiero magdalenas con hierbas aromáticas. Que no. Que no quiero. ¿Por qué insisten tanto? Bueno vale. La verdad es que tengo algo de hambre. Pero no pagaré esas flores que acaban de laurearme. Meció el fondo de su vaso, ya no quedaba nada. Una niña se acerca y le mete un dólar. Tiene la piel muy morena y su madre es blanca como esa nube que está ahí, le coge bien fuerte y le aleja. Ahora se explican esos dos grandes ojos azules.
Siente algo de calor, se toca la cara. No puede moverse de su sitio, porque es suyo. ¿Quién vendrá después? Acaricia el banco y se queda con un poco de pintura levantada entre los dedos. Está ardiendo. ¡Oh Dios mío! Es decir… ¡Oh my god! Ahí hay un chico tomando fotos de una modelo. Sensual no es sinónimo de poca ropa. El atractivo es un don, no un producto. Se quita la gabardina llena de manchas oscuras. Se cae al suelo. Tiene migas de pan en uno de los bolsillos y un trozo de periódico en el otro. Vienen tres palomas. Les tira las migas de pan y se tumba en el banco, arrugando el periódico para estar más cómodo. Ahora revolotean junto a ese hombre que me mira con unos ojos extraños. Es turista, como yo. Unos policías murmuran al lado algo de un thief. Verdaderamente sus botas son un robo. Le detienen y montan un escándalo, me ato los cordones de mis zapatillas de lona rojas. Ahora son granates y cuando alzo la mirada veo un mendigo forcejeando con los agentes. Los visitantes no tenemos vergüenza, cargar con las culpas a desalmados (segunda acepción del término).
Entiende que a su derecha hay una papelera. Tira el vaso. No dispara bien, aunque la vida sea una guerra perpetua. Se queda en el suelo. Es momento de recogerlo. Las ciudades avanzan no se destruyen.
Alza la mano y para un taxi. De él se baja una mujer. Ese banco de ahí tiene unas vistas maravillosas. No sé si me ha entendido. A lo mejor no llevo la ropa adecuada. Creo recordar que la tienda de la esquina junto a la demostración del pelador de fruta instantáneo es aceptable. Que va a la moda. Mientras piensa se da cuenta que el hindú del taxi ha huido. Se aproxima a la tienda y el guarda le hace con un gesto de: Usted no va a pasar ni aunque yo fuese nacido en el mismo Triana. Le enseño mi cartera y un fajo de billetes. Uso el castellano, y luego el inglés. Parece que no es suficiente que una lengua haya superado una invasión y una guerra, tiene que haberse independizado y haberlo festejado con té. Me miro al escaparate. No me reconozco, así que no estoy y esto no está pasando. Me dice algo como gone, gone, I’ll call the police. Una pena que no hayas conservado el idioma de tus abuelos al pisar este país, Kevin López.
Vuelve a la plaza y consigue reflejarse en el espejo de la mujer, que no entiende (entendemos) que ahora esté embarazada. Quizá me contemplé de perfil y ella de frente. Una pena no habernos puesto de acuerdo. Bien. ¡Es usted indigente! ¡Se ha quedado así por contemplar al personal! Hombre, hola Kevin. Siento el juicio emitido sobre usted antes. Me vuelvo a mi hotel, deben echarme de menos. Le acerco. ¿Le han contado a usted quiénes son los homeless de esta ciudad? Ocurre a menudo.

AT.

E.E, en esto pensé ayer. Más o menos.

Ya no sueña aquel niño que soñó que escribía

ME DUELE MUCHO.

Me preocupa el nivel educativo de este país. La de sintaxis se sorprende al ver que no nos hemos preguntado en la vida sobre el pronombre ”ello” en español. Discúlpeme mucho y a ratos señora catedrática. Me resulta más interesante- no diré mejor- pensar en el verdadero significado del poema de Alberti, porque sigo sin saber quién era la dichosa paloma. Y por supuesto, me atormenta (tal cual) no saber porqué Soledad Varela se hace llamar en su círculo ”Paloma”. El caso es que a mí me preocupa el nivel educativo de este país. Hace poco en las oposiciones a profesor/a de lengua se les planteaba unas cuestiones de cultura general a las que un grandioso número de opositores no supieron responder. Resulta que el Ebro está en Jaen, que no saben diferenciar entre la palabra vasto/basto y que muchos a la pregunta sobre literatura: ¿Era Pío Baroja un buen lector?Justifique su respuesta, contestaron con un: puede/quizás/sí/no sabe no contesta. Pues muy bien.
Me preocupa entrar en internet en un foro de filología hispánica y encontrarme con un ser(animal) que tuvo que hacer la carrera obligado y que encima piensa que es mejor borrar del mapa todos los clásicos porque aburren a los niños. Me sangraron los ojos y se me partió el alma. Siento con todo mi corazón deciros que también otro escribió que se creía buen docente porque ayudaba a pasar los exámenes a sus alumnos sin ningún tipo de esfuerzo y ofreciéndoles resúmenes de las obras que debían leer. Pues bien. Es usted un incompetente. Un imbécil y un idiota integral. La enseñanza de la lengua y la literatura es algo que va por dentro, que se siente muy hondo y que se trata de transmitir, al igual que cualquier otra disciplina. Un profesor que no siente lo que enseña, NO VALE NADA. Por supuesto que puede gustarte la gramática más que la literatura pero me juego el cuello a que en lo más profundo de tu espíritu te inquieta ”El túnel” de Sábato al igual que a mí me sobrecoge la maravillosa clase de adjuntos y argumentos. No puedes pretender llegar y dar una clase según lo que ponga el libro. Tampoco sentarte frente a un proyector y aquí paz y después gloria. No puedes impartir en un aula sin pensar que lo que estás transmitiendo es útil, porque carecerá de valor. No puedes presentarte ante un grupo de mentes volubles, y decir cuatro estupideces que luego crecerán y germinarán y pasarán de generación en generación. En España, y en cualquier parte del mundo se necesita de gente que ame lo que hace. Al profesor fracasado, porque no hay otra manera de decirle, porque pienso que si uno en la vida no consigue la meta que quisiera ni cumple su vocación es porque no ha luchado lo suficiente, porque HAY QUE LUCHAR, podría dedicarse a apagar incendios porque proporcionaría el mismo ánimo de expandir sus límites tanto a los niños como al fuego, es decir, NINGUNA.
Me repatea ver como mi amiga Bea va a ser una profesora, TAN buena que llegará a casa y sentirá que es feliz por el simple y llano hecho de haber enseñado al niño de la cuarta fila quién era Ángel González, y algo de métrica. Me ofende pensar que mi amiga Nela va a ser una profe tan cojonuda que los niños sonreirán cuando lean a Galdós… ver a mi amigo Carlos ser un Eguren cualquiera y que sus armas sean el manual de Bosque y la palabra como máxima expresión del hombre. No puedo ver perder a la gente el tiempo tanto suyo como el de los demás en clase. No puedo. De verdad, que me hace ponerme triste. Y no sólo hablo del cáncer que se expande en filología. Hablo del resto de carreras. Hoy nadie obliga a nadie a meterse a hacer algo que no le llena. Quizá debamos valorar el esfuerzo de cada uno, plantearnos nuestra vocación de frente, coger el toro por los cuernos y preguntarnos QUÉ COJONES HAGO EN ESTA VIDA, POR QUÉ Y PARA QUÉ. CUAL ES MI DESTINO. QUIÉN QUIERO SER. DÓNDE ME VEO Y DÓNDE PUEDO SEMBRAR PARA RECOGER EL FRUCTÍFERO PRODUCTO DE MI ESFUERZO.

Lo siento lectores, si es que después de esto aún sigo viva. Me quemaban las palabras entre las manos.

Pongo una foto de la generación del 27, que parece ser una de las pocas cosas que me tranquilizan. Y Facto Delafe que son muy alegres.

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Más que símbolos.

Hoy una profesora me ha dicho que le he preguntado de manera capciosa, sobre una cuestión de poca relevancia. He asentido mientras me contestaba, pues no lo había entendido. Luego se ha puesto a hablarnos con acento andaluz, pero eso es otra historia. Lo importante es que tras multitud de cosas sin sentido de las que suelen pasar en las aulas de filosofía y letras hemos llegado, más bien ella ha llegado, a la conclusión-si no hace tiempo- de que vivimos en una sociedad grafocéntrica. No, no es un insulto. Es un condicionamiento. Todo se rige en base a las letras. Para los que seáis de ciencias, lo mismo me da que me da lo mismo, representación escrita de cualquier tipo.
Si lo pensáis no es una tontería mía de las ocho y media de la tarde. Nadie muere hasta que no viene el juez y da luz verde para el certificado de defunción y levantamiento del cadáver. Si vas a una entrevista de trabajo puedes jurar en arameo e incluso hacerla en un inglés del mismo Oxford, y si no tienes el papelito no eres nada, y tienes cero. Los exámenes son por escrito, necesitamos que alguien reconozca nuestra estupidez o sobrada inteligencia en papel, cuando te casas tienes un papel más o menos religioso en la mano que certifica que alguien te quiere tanto como para hacerlo durante toda la vida, si eso. La lotería te toca. Es un papelito…¡¡escrito!! Cuando naces te ponen el nombre en una pulserita de afterhours, si no, puede que ni te llames. O puede que sí, menganito o fulanita de tal y grande de España. Nos pintamos en el cuerpo de forma permanente, salvo algún lumbreras que use henna, con una aguja. Los apuntes a mano o a ordenador, las notitas en clase tienen mayor gracia metidas en un boli bic o en un tippex, si te portas mal el profesor te manda traer la agenda porque es más humillante que llamar a tu casa y que lo coja tu madre a punto de pagar tu factura del teléfono, que cómo no, te has pasado y está por escrito. Los acuerdos se cierran por escrito. El testamento, un libro (en ocasiones ambas cosas, lo mismo), un whatsapp, la maldición del Twitter, las escrituras de una casa. ¿Sabéis que en algunos países los tratos se cierran con un apretón de manos? De ser así yo dejaba de reclamar dimisiones políticas por escrito y me dedicaba a ir al congreso- aunque no irían a dejarme pasar bajo ningún concepto- a estrechar la mano a todos esos políticos sonrientes que sin embargo, escriben sus cuentas tanto en letras como en números en cuadernos, y oiga, con perfecta caligrafía.

Os pongo una foto de mi amor, porque es mi amor. Max Aub. También sale León Felipe, otro de mis amores. Diría cualquier otra cosa pero es que no puedo ser imparcial. Os lo recomiendo, sobre todo sus libros: Jusep Torres Campalans, cualquiera de los Campos de El laberinto mágico, y La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco. Y para reír los Crímenes ejemplares.

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Ruptura (5)+ Cuento de Lola.

No todo el mundo tiene la suerte de amar dos veces en una misma vida. Yo me pregunto cómo debe ser querer tanto a alguien, que simplemente no te hace falta nadie más. Y que de pronto: ¡pam! te ves solo o sola. Y luego con el tiempo, tras haberte vaciado de un cúmulo de vida que se transforma en pastilla efervescente, viene otra persona, y lo hace para quedarse. No sé. Si podemos llegar a amar de forma incondicional dos veces, por lo menos, es que el amor como concepto general no existe…¿no? Lo que sí lo hace es el concepto ”una persona encuentra a otra”. A eso lo han llamado amor. Llegados a estas alturas, deberé aceptarlo. Es amor. En fin.
Un día, acaso en verano, iba con el coche, uno de esos días raros. No recuerdo a dónde iba. Cuando pasé el cuarto cruce, junto a una rotonda, allí estaba Carmen. La vi de pasada, pero supe que era ella. Pelo negro, flequillo, bolso antiguo y pequeño, vestido de flores y sandalias algo desfasadas (no entiendo cómo me dieron finalmente el carné de conducir).
Estaba agarrada a un hombre que yo no conocía. Y no sé muy bien por qué digo esta tontería, porque podía ser cualquiera. No me acordaba del aspecto del que fuera su ex-marido, si es que llegó a serlo. Porque en ocasiones, cuando bajaba en verano a la piscina de casa le veía con él, dando vueltas por el parque, no solía mirarles a la cara. ¿Miedo? No lo sé.
Él estaba colgado de su cuello, cogiéndole, susurrándole en el oído. Se agarraba a su vestido, tirando de la tela hacia abajo. No iba bien vestido, la verdad. Y con esto no quiero incurrir en el tópico de mala gente implica una vestimenta a la altura. Miren a los que se encuentran dentro del congreso. Todos son hijos de sus obras. Cuando los perdí de vista, me fijé en el retrovisor izquierdo. Ambos se encontraban en una boca de la M-30, contemplando cómo pasaban los coches. Puede que tirando colillas. Piedras. Flores. Deseos. Las muerte.
Es increíble que mi mente retenga este tipo de imágenes que se atropellan en unas décimas de segundo. Me dio tiempo a echar un vistazo final al retrovisor grande. Ahí estaba Carmela. Acercándose a ellos dos, con un paso firme, y agarrándose la chaqueta como si su corazón quisiera verdad y ella se empeñase en seguir encubriendo lo que podemos tocar, que no siempre es lo real.
Al día siguiente, mi madre se encontró con mi vecina. Tuvieron una breve conversación en la que sin quererlo, se coló Carmen. Carmela dijo que ya estaba bien, que no se iba con el nuevo hombre ese más, porque no paraba de implicarla en cosas de las que ella no tomaba parte. Al salir su hija en sus palabras fue como una iluminación, porque necesitaba hablar de ello. Y eso es normal, es humano. Decir cuando nos duele y cuando se encuentra en paz el corazón. Supongo que la ley lo contempla.
Cuando estuvimos ya en casa, mi madre me confesó que alguien no se mete en historias ni se droga por voluntad ajena. Siempre hay un porcentaje de uno mismo en las decisiones que tomamos. Yo pensé que esa no era la cuestión. Lo que realmente estaba pasando es que Carmen seguía viendo a un hombre extraño que con el tiempo se volvió habitual en nuestro portal, en nuestra vida y en la comisaría.
Hoy la he visto cuando he abierto la puerta de casa para dejar pasar al insistente de mi hermano. Venía con una bolsa de la farmacia en la mano y comentaba lo mayor y lo alto que estaba el ya no tan pequeño Diego. Le comparaba con su nieto. Sonreía y no paraba de hablar. Yo también he sonreído sin saber muy bien por qué. Quien miente una vez, puede llegar a mentir siempre.

AT.

Os dejo con una canción muy divertida que encontré ayer por internet. Muchos grupos españoles de ahora cuentan historias con un par de acordes detrás. Es bien.

También os pongo un cuento que le escribí a Lola el otro día en un curso de hispanoamericana que hicimos junto con Bea, Paloma y Ángelus. Fantástico.

Escribo la transcripción, porque mi letra es así de guay. Aprendí hebreo sobre noviembre.

[Miro que no Miró*, que no estoy pintando un cuadro, a Lola. Tiene un boli en la mano. Es azul. Es una aguja. Es de madera. Y se pincha, y se queda dormida. Sus ojos se abren porque el lobo viene a buscar a los cerditos. Sopló…sopló…sopló, y la casa hecha de pestañas cayó.
Ahora la escucho, pero por dentro. Tiene una voz de pulgarcito o cita. Mejor hablo yo que ella. Porque yo cito y digo y escribo, porque me ha pedido un cuento. Y yo no sé contar cuentos. Me va a crecer la nariz.
]

Loli y su cuento

Ruptura (4).

Haces muy bien echándome de menos, porque yo a ti también.

Realmente no creo que exista el amor. O puede que sí. Pero lo pongo en duda.
Crece de pronto, pues anda dormido, y despierta como si no hubiera un mañana. Y luego desaparece. Es un golpe de calor. Puede que a Carmen le sucediese lo mismo.
Yo creo que amó. Y si no, una parte de su corazón, estoy segura, llegó a entregarse. Por el corral de gallinas que se suelen juntar en el portal, sé que estuvo casada con alguien que no debió apreciarla. Las sacudidas, debió traducirlas mal y tarde. Por sus mejillas pudo correr la escarcha y lo violento que resulta amar en balde.
Recuerdo una noche, de madrugada. La voz de un hombre despertó a varios vecinos. El que por aquel entonces era su marido, estaba borracho en las escaleras de la puerta de entrada. No paraba de dar golpes al telefonillo, pues había bebido tanto que no conseguía ver el piso. Realmente no creo que en la vida le tocase, nada físico, pero me temo que pudo ser peor …cómo debió sentirse por dentro todos esos años… a veces me pregunto qué me hubiera dicho sobre el amor. El amor de una vida, qué se yo. Pienso ahora en si hubo boda tradicional. Vestida de blanco, mecida sobre una nube de miradas amables y buenos deseos para un futuro de lo más cercano. Puede que incluso él llevara un buen traje. ¿Qué conserva de aquel momento? ¿Cómo sería ese álbum de fotos?¿Quién fue el padrino?¿Y la madrina? Y sobre todo… Carmela, su madre, ¿dijo toda la verdad? ¿Cuándo comenzó a vivir, convivir con la mentira? Tendré que volver sobre esta idea…

Mi madre me dijo que gritó tantas veces su nombre, que su voz corrió por las calles laterales, por entre los arbustos y los bancos pintados de mi barrio. Puede que incluso llegase a asustar al león de la carpa del circo, en el descampado que se ve desde el banco de fumar. Incluso cabría pensar que en un momento dado, Carmen se quedó sin voz. Sin nombre. Nunca me había planteado algo así. Quedarte sin nada. Yo creo que por eso, al día siguiente todos supimos lo que había pasado esa noche, todos supimos- de nuevo- que algo no iba bien. Creo que volvió a ocurrir otra noche más, no se le entendía muy bien, eran palabras más grandes que que… que cualquier cosa que yo sepa. Eran dolor. No de forma tan evidente diré que le pedía dinero, para escapar de una realidad horrible. Como todos un poco. Pero así no. Así no.
Pasaron un par de semanas, y un día, al bajar de paseo a la calle, girando a la derecha, había un gran graffiti, no muy cuidado que ponía: Carmen kamello.
Paco, el que era mi portero, se pasó toda la mañana limpiándolo antes de que bajasen sus padres y lo vieran. Yo creo que Manolo si lo vio, pero su mujer no. Lleva prácticamente toda la vida padeciendo del corazón. Ahora yo no sé nada de Paco, salvo que está en el hospital y que apenas puede hablar. Al final todos nos veremos más pronto de lo que creemos. No por morir, porque nunca llegamos a hacerlo, al estar al menos en boca de quien fuere.

AT.

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