Amansa las máquinas.

Tengo una manía. Una manía maldita, de poner siempre puntos finales, cuando quiero expresar tres puntos suspendidos. Y eso hace sonar borde, de un terco inusitado. Un cardo. Borrica en feria. Cantemos algo de Mocedades. Traigan a Lorca, ya resucitado. Va a cantarnos el Romancero Gitano.

Pero últimamente no puedo dormir, apenas debo. Anoche, y otras, tuve un sueño. Tan profundo… si cabe amargo. Salían unos ojos, y un pelo que no era el mío, mezclándose en mi almohada con lo que quería soñar. No creo, de forma sincera, que estuviéramos o estemos, me un importa más bien poco el tiempo verbal, mecidos por vientos dispares.
A la tarde te pregunto, te anuncio: ”Me voy a comprar un libro electrónico”. Ahora mismo narro esto, lo cuento, mientras mi lápiz rompe la delgada línea, finísima de la pureza blanca de un folio que antes solía dejarse caer por Sol, pero que finalmente se había instalado en un sitio franco, junto a mi archivador. El profesor de poesía no me mira, tampoco ve los versos que mi amigo, a mi lado compone. Es una lástima que siga escribiendo en un cuaderno de cuadros.
Yo quiero tu respuesta, quiero saber qué opinas.
Por eso me dices, que lo mejor será imaginar una habitación vacía. ”¿Por qué vacía?” Llena de dos amantes, desplomados en un colchón de hierro. Sitiados por el calor del tabaco, y la tristeza de la luz que se filtra por el ventanal. Entonces ella dice que huele a vainilla. Le apetece leerle el párrafo del libro que está amando y que encima ha detenido el tiempo. Ahora interrumpes tú, que no eres él, porque la tecnología está demás y no te transmite nada. Te impide hacerte preguntas del tipo, ”¿A qué huelen los libros y por qué?”. Está bien, está bien. El hilo musical de tu voz se convierte en: ¿Qué harás? ya no podrás ir con tu libro orgullosa de la mano, leerlo, pintarlo, doblarlo, sobetearlo, prestarlo y nunca volverlo a ver, olerlo, recuperárlo…No podrás decir: ”Me gustó más el árbol que el libro”. Ahora dirás: ”Me gustó más el aluminio en estado líquido que la pantalla de led”. No.
¡¡Abdico y renuncio!! . No sé si está bien que combine ambas palabras en este panorama, pero igualmente […].
No quiero a nadie manifestado en un holograma en mi mente, de carne y hueso, que se puedan tocar, sentir y hablar.
Interrumpe el profesor, y nos aporta una información que cambia la perspectiva de la mañana del martes. Un compañero es capaz de escribir con ambas manos, indistintamente. ¡Qué difícil! Debe serlo…, ¿no?
Yo quiero leer un libro así, escrito con las dos manos. Que ponga en la contraportada: ”Fulanito de tal, que escribe con ambas manos”. Relego entonces la electrotecnia para las luces de las grandes ciudades. Para que puedan fundirse de cuando en cuando, permitiéndonos el quedarnos a oscuras que tanto nos falta.

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Esto es sólo algo escrito. Es absurdo lanzar piedras contra un medio digital, pues en otro me expreso a diario (intento). Sin embargo he intentado escribir el idilio de mi corazón. Porque al final cederé. Sin embargo una cosa, no quita de la otra. Es decir, que tenga la casa llena de libros no excluye a que lleve algunos metidos en un tito. Comodidad. Los seres humanos nos estamos acomodando continuamente. Si no, ¿Para qué iban a hacer colchones de látex?

De todas formas… quería comentar la ironía de la vida. He introducido en términos de búsqueda en Google: ”Leer te hace libre”. No entiendo porqué hay imágenes de Wert.

AT.

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