Optimismo.

Sí señores sí. Optimismo. Lo sé, no me pega. También me dijeron lo mismo con las gafas de pasta y aquí estoy. Son negras, como nácar, con algo de verde, que dan un rollito muy guay. Pues esto es lo que tenemos, y hemos venido a jugar.

OP-TI-MIS-MO.

No tengo nada más que añadir. Estoy perezosa. ¿He dicho ya optimismo?
Me ha salido solo. Esta mañana, al volver con mis amigos de la universidad en la Renfe, me he dicho, joder qué bonito está el cielo hoy. Me he puesto un jersey que me compré por un tercio de lo que costaba. Lo encontró mi madre, que es una grande. Habíamos estado en una librería revolviendo montones de libros bajo la atenta mirada de un librero indignado. Creo recordar que le faltaban dos dientes. Abrían al mediodía. Acabé comprandome los Sueños de Quevedo. Soy un desastre.
Mientras nos estábamos riendo, de no se qué en el tren, me he enterado de que por fin me han ingresado el dinero del trabajo de Navidad. Fue divertido estar anunciando un perfume, la vida es bella.

También me ha llamado una mamá de un pequeñajo. Parece que voy a ser profe. Ahora necesito suerte, quisiera sentirme como una super-super heroína. Útil. La vida está marchando. Arranca.
¡¡Lola!! Cuánto nos queremos y qué poquito nos lo decimos ja ja ja.

Vaya entrada más ñoña. Estoy de un tonto.

Sed felices.

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