La reflexión de hoy.

El problema de los descorazonados que tímidamente accedemos al mundo a través de las letras, es básicamente un problema de fondo. Concretamente tras piel, músculo y vértebras se esconde un corazón que ha decidido caminar en solitario. Y que en ocasiones tiene la certeza de estar equivocándose estrepitosamente. Que se lo digan a Jim Morrisey, el cantante de los Smith. Sinceramente, creo que suenan mucho mejor siendo uno, que no un desaparecido en las listas de éxitos.
Otra cuestión a tratar, que en ocasiones me hace replantearme multitud de cosas es esto del amor. Si es el tema que vertebra la literatura, pues no seamos deshonestos, todos los temas derivan de este de una u otra forma… ¿qué hacemos los que no… no…no? ¿Nos resignamos a describir el paisaje o hacemos composiciones sobre la vaca lechera? Escribir sobre un amor que ya ha pasado es dolorosísimo. Yo no entiendo muy bien esa angustia desgarrada, el sentimiento absurdo que produce nuestra mente sobre nuestro pecho cuando hablamos de alguien que ya no siente nada por nosotros. Pero ojo, aún así podemos escribir hojas y hojas, beber multitud de alcohol, emborrachándonos y haciendo uso del teléfono móvil, o abusar de forma pura (gente de mal pensar), de la paciencia de algún amigo o amiga. O nuestra mismísima madre.
También se nos presenta la opción típica. Fumar, vivir un poco de aquí y de allá, salir, leer, beber, charlar, el verbo que exprese beber café y sentir en la lengua el calor de Valdés y… ¿he dicho ya vivir? Todo esto mientras esperamos o salimos a combatir con nuestra coraza esperando a que nos la destrocen salvajemente y nos pregunten un: ‘’ ¿Qué tal? ¿Cómo es tu nombre?’’. Lo que se prolongue este durísimo trance de encontrar a nuestra persona, nos permite paralelamente tomarnos un algo con nuestros amigos o amigas en la universidad y hablar de lo interesantemente sexys que debieron ser nuestros profesores hace años… ¿No Paloma? ¡Décadas!
Y chocolate. Mucho y mucho. Lo del deporte es ya elección de cada uno… yo subo escaleras. Vivo en un octavo. ¡Ojo!

Un homenaje de otro modo a los Black Keys, que han recibido muchos Grammys. Por fin un reconocimiento a un tipo de música que no berrea un niñato o una muchacha de pies a cabeza de mentira.

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