Introduzcamos un título a todo esto.

Es oficial. Hoy es un día de mierda. Y cuando se pone por escrito es que es serio. Así que aun que vosotros no me veáis, estoy poniendo una cara solemne, de las que acojonan para que nos entendamos, ensayada en el espejo durante tres cuartos de hora. Sí, mis tardes son así de entretenidas, y no, no pienso poner ninguna foto, ya digo que…

SALVO por una cosa.

Unos compis de los cursos de arriba han decidido hacer algo que no sé si calificarlo de cabronada o de algo maravilloso. Lo dejaremos en neutro, como ha dicho el profesor de poesía refiriéndose al placer…de la lectura. Guarros.
Veréis, han decidido montar un puesto de libros. Han rescatado el encanto de las plazas del Rastro los domingos…esos puestecillos llenos de libros a bajo precio. Se han colocado estratégicamente en un lugar por el que todos pasamos queramos o no. La cafetería.
Hoy ha salido algo el sol y ha sido un ”por Dios, no miro, no miro, no miro”, pero nos ha sido inevitable. Bea no ha podido resistirse a Neruda, y a mí todo lo que lleve de apellido guerra civil, me puede y no me he podido negar.
Me gustaría que continuase habiendo iniciativas de este tipo. Con ello quiero recalcar que día a día se hacen cosas que a primera vista parecen pequeñas, pero que cuentan con grandes personas detrás y que por ello la causa, sea cual fuere, que nos mueve, se vuelve eco en otros. Sin ir más lejos hoy u ayer no lo tengo muy claro, una señora se desmayó en el metro cayendo a la vía, y un policía fuera de servicio se tiró a rescatarla y le salvó la vida. La vida se reduce a tiempo.
Me he puesto algo catastrofista al principio (vaaaale, perdoooooón) , y he de decir que también han pasado otras cosas importantes, como que han imputado a medio ayuntamiento de Madrid, que no deja de ser una vergüenza, por el caso del Madrid Arena, que un grupo molesto con determinados ámbitos sociales en completo desajuste (esto de forma fina, la otra vía es decir que no hay pan para tanto chorizo), no sólo recibimos el nombre de indignados, antes somos personas igual que otros, aunque la diferencia estribe en que el horizonte de expectativas vitales sea abismal, han recibido a Rajoy en Alemania con carteles en el idioma propio llamándole corrupto y mentiroso, que mi madre ha hecho comida mexicana y que por fin tengo al día los apuntes y las lecturas. Ah, y que ya se han recogido cerca de un millón de firmas para la dimisión de la cúpula completa del PP. Lo que me lleva a plantearme que si ésta desaparece, el partido podría desintegrarse. Pero yo sólo soy una ingenua, y no sólo de sueños vive el hombre. De todas formas independientemente de el binomio PPSOE, me daría igual quién hubiese robado o blanqueado o lo que sea. La realidad es que mientras algunas personas tienen cuentas ojipláticas en el extranjero (astronómicas quiero decir), suben el transporte, las tasas, recortan la Séneca por el artículo 33 y los Erasmus, que aquí son estudiantes mendicantes, pasan a ser mendigos en su país de destino con la subvención que les dan. Todo es estupendo.

El profesor al que he medio nombrado antes nos ha dicho que habitualmente usamos unas 500 palabras al día. Los pedantes unas 600. A mí sólo me hace falta una ahora mismo. Tiempo. Últimamente, es del único del que me fío.

Vale, vale. Sonrío. Pero poquito. Que soy una tía dura.

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