No.

Compré las entradas del Arenal Sound, en el centro, que me transmite más, aun que el Corte Inglés no me guste mucho. Me dirigí al Pull and Bear de Gran Vía, como me sobraba algo de tiempo y… fui a buscar una gabardina antigua que le había echado el ojo hace algún tiempo. Como últimamente España está que si sí que si no, y no encontramos el punto medio, sólo había la talla más grande o la más pequeña. Tal cual. Bajé corriendo a Carretas, tapándome los ojos para no ver las rebajas de la Top Shop y llegué a la otra tienda. Y allí estaba. Solapas grises, muy cuadrado, que dicen que los que escribimos tenemos un punto de melancolía, azul marino y botones dorados envejecidos. Un poco largo. Antiguo, perfecto.
Y salí de la tienda tan contenta, que incluso me puse a sonreír.
Esperé a Lola en la fuente de Sol.

– Dónde estás Doloritas, que seguro que acabas de salir.
– A ver dónde te espero.
– Estoy en Luna.
– Entonces, en qué quedamos.
– Era una broma tonti, estoy en Sol.

Madrid es una ciudad que engancha, lo leí ayer en el libro de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos. Allí sentada veía a gente que olía a frío, una perspectiva singular desde el borde de la fuente. Se veía Arenal, e incluso algunos fantasmas de la Navidad pasada con esos gorros horrorosos que brillan tanto. Podía recordar el bar en el que estuvimos los filólogos el día de la Residencia, donde nos pusieron un café con una mini-magdalena… y… todos esos cuadros de generales españoles…
Y de repente en mi burbuja, se recibe una llamada de emergencia. Teléfono rojo, volamos a Moscú. Una burbuja enorme, qué digo, una bomba de relojería se aproxima, nos invaden. Presencio una ruptura. Él no para de gritarle a ella, delante de Madrid, que se ha vuelto loca, que está obsesionada, y ella le pregunta que qué está pasando y él le dice algo así como ”¿No ves que te estoy dejando?”. Estuve a punto de levantarme y decirle, ”tranquila, lleva un gorro espantoso y los pantalones demasiado caídos”. También pensé en decirle algo de la ciclogénesis explosiva que les da a los hombres, que hay que entenderles en sus días de cambio. El problema es que cuando le dices a alguien que quieres cosas de ese porte, rompes el límite. Y si vuelves al bucle y se suceden cosas de esa importancia no la tendrán realmente. Porque no existe un corte.
En Sol, la salida grande del metro, que coincide con el cercanías, hay una cristalera enorme. Según te coloques te aporta una perspectiva distinta. Lateral izquierdo la puerta. Es como si la gente naciese de las entrañas… salen y salen… personas como vómitos de palabras. Por los lados más largos, multitud de cristales en modo aleatorio y el lado del espejo cierra esta visión. Un hombre hablaba por teléfono mientras se reflejaba, y se miraba diciéndose qué guapo soy. Pues bien dijo tonterías como ”yo es que soy una persona muy tranquila, no puedo estar vendiéndome a esta persona porque no congeniamos”, el interlocutor debió decirle algo que yo no oí, a lo que contestó ”yo aún soy jóven, puedo encontrar a otra, es normal, las relaciones se acaban vienen y van ya te digo que soy un hombre muy tranquilo”. Le miré y sentí lástima. Todo el mundo merece una oportunidad, ¿sabes? Y no, no creo que a tu edad sea tan fácil. Dinosaurio.

Hay que ver… la paciencia que tiene Madrid. Entre otras muchas cosas.

fotos bb (115)

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