Sí.

Tener un bar a día de hoy no es garantía. Te levantas por la mañana, dejas a un lado las zapatillas de felpa que te ha comprado tu señora, con muchos cuadros que si no se parecen a las mías, en el mercadillo del barrio. El suelo está frío, y no entiendes porqué no tienes parque como en casa de tu hijo, el mayor. Hace poco te sorprendiste mirando unos pósters que aún están en su cuarto. Hace poco le sorprendiste, esa vez que vino a comer y a por un tupper de guiso, tocando nostálgico a sus estrellas favoritas. Puede que vuelva al piso Papá, Laura se va con sus padres y ya veremos qué pasa… no llegamos.
En la cómoda está la misma camisa blanca de siempre, de manga corta, que hace juego con la camiseta interior, la medalla de oro y la cruz de los patrones del pueblo. Unos pantalones de traje, siempre vas como un señor, negros. Cinturón de polipiel con hebilla metálica, sobrio. Unos castellanos en los pies, que te recuerdan a la escuela, cuando corrías por el camino viejo con Pancho y los demás río abajo, y el maestro, un cura, con la sotana y el libro de poemas de Góngora, mientras Pepito que hoy es don José, gritaba burlón: ”Érase un hombre a una nariz pegado, don Severo”.Chiquilladas.

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Lo de los calcetines ya no te lo permito Carmen,van a pensar que no soy un hombre que no puedo decidir, que no valgo ya. Y eso no se lo permito a nadie. Ni pensarlo.
El reloj de muñeca está en el lavabo junto a la gomina, llevas años usando la misma. El café, hombre el café, se te olvida. Solo. Sin azúcar. Mientras lo bebes parece que escuchas el ruido extraño que se ha colado en tu máquina del bar, advirtiéndote del tiempo que le queda. Y tú sin un duro. Y los proveedores de Coca-Cola, a los que no puedes pagar, y al carnicero de toda la vida, que llevas poniéndole cara de circunstancia ya tres meses. Y ahora esta maldita crisis, y qué más, hombre ¡qué más!.
Y al Niño… al pobre de Fernandillo. Cómo explico a este chico que no voy a poder pagarle el próximo mes.
Elenita se ha despertado, y suspiro cerrando la puerta, mientras meto mis manos en el bolsillo haciendo sonar las llaves. Está despierta.
Yo no puedo pedirle a Carmelo,puntual a las nueve, que pida cuatro churros y una porra en lugar de dos y un chocolate en vaso pequeño, que al hombre se le dispara el colesterol, y a euro por receta, a vena colapsada por arteria en mi conciencia.
A los chavales de la escuela universitaria que se tomen tres botellines en lugar de uno,deben ser más conscientes, hoy, de lo que pasa.
En la puerta el de los periódicos, y en la portada el presidente.
– Qué caro desde Berlín, exceso de pago en aduana señor. Qué caro compramos, y por que poco nos vendemos.

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