Caminante no hay camino.

Nela me ha pedido antes del examen de Barroco que continuase esta parte, y a ello voy.
Comienzo de la segunda parte. De cómo Andrea se dió cuenta que las neuronas para Ramón y Cajal, ¿vale Santiago?

– Yo como Rosa. Yo no aguanto las asignaturas de ciencias. Me voy a letras, aunque tenga que recuperar las otras tres que no hice.
– No. Y si lo haces lo mínimo debe ser el máximo de los otros.

El neoclasicismo es una época algo …extraña. De esa literatura yo toda la quemaba. Menos a Diego Torres y… bueno a algún ensayista ensayismado, poco más…Pues eso fue lo que se ve al principio de la literatura de segundo. Es conmovedor. Se parece un poco a los inicios de esa típica novela aburrida que de pronto nos engancha. Porque rompe el romanticismo de pronto, con unos aires alemanes que embriagan aunque ahora no los queramos ver ni en pintura.
Y vas adentrándote…generación del 98, novecentismo, 27… POSGUERRA. Maravilloso… La historia, como asignatura, está bien, pero, no es comparable. Nada absoluto se compara, sólo en sí mismo.
Y vienen los Reyes, y para no aburriros mucho, traen dinerito, que ya no saben qué comprar, porque nos hemos hecho mayores, y si te compro algo de ropa luego todo lo cambias. En fin. Y te vas a la Residencia de estudiantes, tiras un par de fotos, entras a la tienda y ahí está. Tapas grises, no muy fuertes. Parecen un sobre, son como un gris triste, unos redondeles rojos y es que es una recopilación de la vida de alguien a través de unas cartas… adiós ”ahorros”. Brilla.

– Andrea, te quito lo de Cernuda, que no estudias nada de Biología.
– ¡Pero mamá!
– Ni pero, ni pera.
– Mamá, quiero estudiar psicología.

Y así nos va.

El día de selectividad entré en un edificio de cuadros verdes. El de al lado, tenía una librería, preciosa. Que ahora está abajo del campus y me da pereza caminar. Era también a cuadros, esta vez azules. Lo sigue siendo. Pero cada vez que entro el azul se hace por dentro más intenso, y cierras los ojos y huele el aire diferente. Si entras por la cafetería a conversación y trenza de chocolate. Si entras por el módulo, un fuerte olor a tabaco en un pañuelo bohemio. Granate o mostaza.
Me dieron la nota… y lo cierto es que no tenía para hacer psicología. Yo estaba en una isla. y me acababa de levantar. No me acordaba de la noche anterior, sólo sé que lo pasé bien pero ahora lloraba porque no iba a ser quien querían que fuese.
Oli investigó.
– ¿Qué va a hacer ahora la niña?
Pues una tal… una carrera que se llamaba lenguas modernas con comunicación o no se qué en la Autónoma… y en la lista también hay filología. Hispánica.
Suena tan bien… que casi parece de mentira.

– No.
– Porqué.
– No tiene futuro. No sirve.
– ¿Qué sirve?

Me río yo de la batalla de Trafalgar. Já.

Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar sino vuela, un velero bergantín.

La lucha continua a día de hoy. Hoy especialmente. Barroco no ha ido bien, fonética dudo y las dos siguientes temo.
– Una cosa que tú misma elegiste ¿y vas a suspender? (Y muchas otras palabras).
– Papá, en la batalla… Piensa en mí.

Y ahora quiero lanzar un mensaje enfadado. Porque la vida no es justa y unas veces se gana y otras se copia en los exámenes. Y si la meta es conseguir un título vacío ese sera el objetivo y se marcarán los medios para el fin. Pero no, las cosas si se hacen, se hacen bien. Y cuando estén dando clase a sus alumnos y les pregunten, digan que no aceptan preguntas, que eso para sus papaítos, y que en lugar de leer el Quijote se lean un resumen y luego nos quejaremos de los recortes en materia educativa y de porqué las mentes merman. El cambio está en nosotros mismos. Aun que a lo mejor, me tiro a la muerte civil y me doy la vida a galeras. Porque sí, todo tiene solución menos la muerte. Pero, ¿y la justicia? ¿Quién vela por ella?. Me doy a galeras como Alfarache, a ver si remando, me cunde más.
Porque no seamos hipócritas. Yo también eché un vistazo alguna vez a un nombre o a un rasgo, pero pero PERO.

Qué pasa con ese médico que no puede ver la sangre. Con ese profesor que odia a los niños. Con ese filólogo al que no le gusta leer, ese asocial relaciones públicas y márketing. ¿Y qué ocurre para los que soñamos? ¿No queda mundo ya para nosotros?

Lo que está claro es que aquí cada uno mira su sombra. Un individualismo férreo se vuelve hacia nosotros. Esa es la verdadera sombra que eclipsa a todo lo demás.

Y sí. Este es mi yo pesimista. No he sabido quién eran ni Ana Félix, ni Claudia Jerónima ni un tal Ruy. Y aquí estoy.

600full-marilyn-monroe

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