Que digo yo que…

Estudiando literatura barroca en la soledad de mi cuarto, me he preguntado, ¿porqué? Ahora mismo yo podría estar desquiciada con balances de cuentas, con romano, con las emociones humanas de alguna asignatura de psicología o quimiqueando un poco, que para eso hice el bachillerato de biología. ¿No? Pues no.
Yo creo que esto viene de tan atrás… que como no me apetecía mucho continuar repasando, y me he obligado a hacer un merecido descansito, mejor que ver la tele mantener la audiencia, he echado un ojo a lo que ha sido mi vida hasta este día 11 de enero, a las 20:59 con los apuntes delante. Y con el rotulador amarillo fosforito, que me ayuda a ”reterner”. Y no es ninguna tontería.

Me acuerdo… un día, yo creo era pequeña, porque no me acuerdo muy bien. Pongo puntos suspensivos. Ah, vale, vale. Me lo han contado miles de veces. Pues resulta que cojí a todos mis peluches que eran bastantes de mi cuarto, me puse en medio y les dije:- Niños. ¡Atentos!. En ese momento entró mi padre, y aquí es donde empieza la leyenda. Y os preguntaréis ¿qué tiene que ver? ¡Eso es magisterio, no filología…! Ya, ya. Ya lo sé. Pero hoy mi madre me ha dicho mirando mis apuntes apoyada en la mesa suspirando…”Vosotros…los filólogos sois curiosos. Quiero decir, de curiosear…tenéis…unas… inquietudes especiales.” Creo que aclaro el concepto. ¿Más o menos?
Con el paso de los años, mis estanterías se llenaron de libros blancos, azules y naranjas. Evidentemente hablo de la editorial SM, que no estáis nada puestos. Con ocho años no voy a leer a Carlos Fuentes ni mucho menos a Quevedo, no sé si me he explicado con suficiente claridad, Matilda.

Pero sí que tenía una colección de cuentos de Perrault, recopilados en un librito rojo con unos dibujos dorados en la portada. A lo mejor me lo estoy inventando, pero me los trajo mi padre y me los dió cuando nos subimos al coche él y yo viniendo de no se dónde. Hace mucho que no venimos de ningún lugar. Luego se queja,se quejó en su día, se queja y se ríe de mi porque mañana sábado tenga examen. Ver para creer.

En tercero tuve una profesora que me tenía ojeriza. No me podía ni ver. – Mamá, es que no me siento bien con ella en clase, me ignora, y me ridiculiza- esto yo con un nivel de conciencia entre ”ná y menos”, como se suele decir. Pues yo le fastidiaba, saliendo a la pizarra cada vez que había análisis sintáctico. Yo iba de un lado a otro de la pizarra con un nivel de apertura mental asombroso. ¡Qué alegría vivir en los sintagmas! Recuerdo su cara, un día caluroso, de los que empieza a notarse el verano en el cole… yo llevaba un vestido beige, como con agujeritos pequeños con flores naranjas y azules marino… apenas se notaba la primavera ya. Una línea de botones en el medio.

Años más tarde vendría la primera competición de mi vida. – A ver niños, ¿quién ha terminado de leer ya el capítulo de hoy?- dijo la que es ahora directora en mi colegio, y en su día fuese mi profesora de lengua. – Pues yo- dije. Ella me dijo algo así como… leamos juntas de tal a tal sitio. Lo hicimos. Me pidió un resumen de lo leído. Se lo dije. Sonó la campana y bajamos al recreo. Al mes siguiente gané un concurso de relatos. Las cosas que pasan.

Primero de la ESO fue un curso espantoso. No había quién pillase las matemáticas por ningún lado. Yo creo que me aprobaron por pena. Entonces apareció una profesora de lengua que nos descubrió a Miguel Hernández, y que nos cantaba: ”Habrá un día en que todos al levantar la vista, veamos una tierra que ponga libertad”.
Al año siguiente descubrí que aquello del lápiz y el papel no estaba tan mal. El profesor de lengua azuzó nuestro ingenio con castigos ejemplares. ”Composición sobre las baldosas de la clase”, ‘buscar información sobre Galdós’, ‘¡Ay señores! Ustedes como agua para el chocolate’, ‘busquen el significado de tal expresión…’.
– Mamá yo quiero ser periodista, como el tío Raúl.
Pero tercero de la ESO, no se me dió mal, la química se dejaba tratar, a las matemáticas les ponía empeño y el resto bueno. Casi muero golpeada por una regla de madera de un metro. Pero eso es otra historia.
– Mamá, quiero estudiar medicina.
Cuarto fue como… yo que sé. Mirando la agenda el otro día de ese curso… a nota por día. Que si Andrea no se sienta bien. Que si no hace caso en clase de francés. ¿Así la he suspendido no se cuantas veces en la universidad, verdad Lola Mendo?. Que si tiene un comportamiento horroroso. Interrumpe la clase. No deja prestar atención a sus compañeros. Bla bla bla. Al final del libro de Lengua, hispanoamericana. Pedro Páramo.
– Mamá, quiero hacer farmacia. ¿Está Pedro Páramo por casa? Voy a ir con Quirós a la facultad.
Mientas escribo esto…a la derecha, en mi mesa el maldito libro de Akal gris. No recuerdo lo que soñaba, pero… sí que dormía agustito al lado del radiador en primero en las clases de lengua. Un tal Ynduráin y Bosque se habían aburrido tanto como para escribir un manual didáctico de lengua y literatura de quinientas veintiocho páginas de emociones ininterrumpidas. Eso pone al final de mi libro, en la parte dura. Si lo abres hay cosas como ”Menéndez Bidal es un gran filólogo…”. Y claro cuando lo leí para ‘recordar viejos tiempos’, en fin. Preferí mantenerlo en secreto. Puede que esté relacionado con mi escucha selectiva y con lo que pone en mis apuntes de la novela morisca ”Ozmín y Baraja” en lugar de ”Ozmín y Daraja”. Señor, ven pronto. O mejor, acompáñame.

En primero de bachillerato nos leímos ”El mundo de Sofía”. Conversaciones trascendentales en clase. -¡¡YO SOY DETERMINISTA!! Fue el principio de mi mundo interior. Completamente segura estoy de ello.
– Oye Andre… eso que quisiste hacer en segundo de bachillerato… lo de los alimentos. Porque a ti nunca te ha dado por pensar en las ingenierías… bueno era ingeniería ¿no?Agro ¿qué?
– Agroalimentaria.
-Eso.

Segundo ya fue. El acabose. Ahora tengo que irme a estudiar. Mañana seguiré informando. Esto parecen los capítulos del Lazarillo. Mi madre me acaba de decir ‘eso parece la vida es sueño, Andre’. Leo en mis apuntes ‘…dirigido a gente con honra, grandes de España, hidalgos, damas…’. Tú si que eres una grande de España mamá.

Por cierto chicas. Amigas que leéis 50 sombras de Grey. Claro que leer es sexy, pero, la sexicidad es esta foto. No ese conjunto de palabras porno. El café, el tabaco y el alcohol son drogas socialmente aceptadas. Leer porno en tapas de Edición de Bolsillo con foto y pegatina de 932423497 edición, también se acepta.

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