Primera parte. ”El amor en tres palabras”.

Anita subió la trampilla que su abuelo guardaba con recelo tras la estantería del comedor. No la conocía casi nadie, él la había marcado como uno de los grandes secretos. La recordó un poco todo aquello, a cuando leyó ‘El diario de Anna Frank’. Ella también se había escondido de un ser más poderoso que oprimía el país, ahogándole, para que no pudiera respirar. Pero ellos recogieron el aliento frío del mundo encontrando un lugar donde resguardarse. Quizá su abuelo también fuera así, ese tipo de persona, que no tiene nada que esconder porque es absurdo el pensar que uno tiene que esconderse de sí mismo. Quizá el corazón del que ahora se sienta con una pipa en el porche, a fumar tabaco de vainilla no sea algo más que un país. Es pequeño sí, pero tiene ríos de memoria, campos de imaginación y sobre todo personas que se han quedado ahí clavadas. Anita llegó al punto de tener incluso miedo. Si su abuelo la descubriera quizá….quizá sería demasiado y el país entraría en guerra. Se sorprendió al ver que aquello era como un mausoleo. Estaba lleno de ramos de flores secas y la pared era un enorme mosaico, que parecía formar parte de los mejores fotogramas de una vida. Había una especie de altar, con una foto de una mujer guapísima, con el pelo ensortijado, como el de ella, con los ojos enormemente castaños, y con una sonrisa que Anita, rió pensando, que si lo viera su dentista no pisaría aquella clínica del infierno nunca más.
-… ¿Será ella?

Abuelito nunca habló de ello, ni si quiera papá. Dicen que está enterrada en el pueblo, cerca de un acantilado porque siempre creció libre y de la fugacidad de la vida su tacto, que según decían era como el viento cálido en otoño. Había una carta. Encima de una mesa con un mantelito. La empezó a leer primero en alto y después en alto para sí misma. Cada palabra era como… Colón llegando al nuevo mundo, cada expresión como una ola que chocaba contra la Carabela.
Querida Amanda:
No sabes qué difícil es tener que contestarte mal cuando no quiero. Pero es que tengo que hacerlo, ¿sabes? No puedo continuar estancado. Te has ido, allí, donde no se te ha perdido nada, y yo estoy aquí, medio solo.
Ya estoy casi fuera del pozo en el que solo me hundí, después de haberme estrellado. Fuiste ese coche en el que iba adentrándome en la vida, que tuvo un pinchazo en la carretera y que me dejó escapar. Nos dejamos escapar mutuamente sin saber que perdíamos gasolina. Es triste que ahora ni mi vida te importe un ápice de tu existencia, ni que tu vida ahora resulte causa de sobresaltos y desahogos. Tu felicidad, fue la pasajera que se quedó en la estación de tren y ahora se ha borrado literalmente tu asiento. No queda hueco. Es absurdo decir que ya no existe tu hueco, porque ese espacio nunca lo ocupará nadie. No se puede ir tapando a la gente por ahí, no podemos ir de hipócritas por la vida, ni diciendo frases del tipo, ya la he olvidado, ya no la quiero ya no significa nada para mí. No te he olvidado, te veo un día sí y otro también. Olvidar es ir a pasos agigantados por el camino y ni siquiera tener en cuenta las flores que pisas. No me siento en absoluto pisoteado. Pero si pisoteada por mí, mismo. Olvidar, es simplemente olvidar.
No es posible que no te quiera. No puedo dejar de quererte porque aunque ya no piense en ti habitualmente, sigo pensando que será de tu vida, porque tristemente me interesa como te va y que es lo que te preocupa. Y si que significas algo para mí. No puedo auto engañarme, si que significaste, significas y significarás ese soplido de aire fresco que necesitaba. No eres el elemento que me hizo madurar porque de eso yo pude encargarme gracias a ti, indirectamente. He creado una coraza tan fuerte, que a veces no me hace ser buena persona a pesar de tus intentos por convertirme en lo que tan orgulloso estoy ahora y que tuve que serlo para poder estar más cerca de ti. Si me preguntasen que es para mí la vida no sabría qué contestar. Supongo que para mí es todo aquello que toco que miro y que hago mal. Doy más valor a las cosas malas que hago que a las buenas. Supongo que es de lo único que me acuerdo, En este caso no me ayuda mucho tener una memoria tan selectiva. No distingo entre el bien del mal, creo que el destino y me he llegado a plantear muchas cosas que realmente pensaba que eran algo importante, ya sabes, un punto fuerte de mi pensamiento. Y no, no son importantes, ya no quiero que lo sean. Si tuviera que decirte algo te diría que gracias, gracias por haberme hecho a mí mismo. Gracias por contestar a mis cartas, por lo menos después de cómo te traté. No soy buena persona ¿sabes? Intento desahogarme escribiendo cuando lo único que consigo es darle tanta rienda suelta a lo que pienso que me pongo muy nervioso y no puedo pensar. En estos momentos, ya no sé qué decir.

norman_rockwell and civil rights

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