Primera colaboración. Luis Fuente Pérez.

Como ya dije en Twitter, esta semana contaremos con una serie de colaboraciones. Podéis enviarme desde poemas, a microrelatos, pasando por historias o anécdotas. Lo que queráis contar con palabras. Enviádmelo a mi correo: andrea.tab12@gmail.com. Debe ir con una fotografía y la elección de una canción que os guste.

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Hoy os presento a mi amigo, a mi amigo Luis. Despistado, estudia escuchando ópera, y me encanta oírle decir: ”Es una maravilla, una maravilla”. Es una de esas personas que sienten las cosas, porque éstas pasan por él. Y no Luis,no cambiaré mi opinión sobre Gabo, y sí, llegarás a hacer grandes cosas. Viva la generación de los tres. Os dejo con la estupenda voz de este poeta. Porque tiene todo lo necesario para estar en el Parnaso. Espero que sigas dándole a tu pelirouge muchos años la lata.

Se trata de un ciclo de tres poemas. Puedo presumir de haber visto nacer a uno de ellos.

CICLO DE INSTANTES

Instante primero

No existía la clave del momento
pues yo hundía las manos en tu escarcha.
Tú sonreías, luna a ciegas. Ambos
suspendidos a un labio de distancia.

Volcamos los segundos. Solo ardía
mi voz negra hacia graves dentelladas,
que buscó, sin más norte que la ausencia,
tu sonrisa de mimbres de albahaca.

Y a jirones, templada en agonía,
susurraba entre nubes tu mirada
anhelando a mis voces por tus labios
dos únicas y sólidas palabras:

«Calla, bésame y calla». El silencio
lo prendiste de una hoja; luz en llamas.
Tu mirada en los párpados oculta,
tu mirada y mis últimas palabras.

Instante segundo

Nunca. Jamás encontrarán la huella
de mis sienes ardientes en tu cuerpo.
Nunca entenderán qué latido intacto
palpita siempre ciego, quedo y hueco.

Los otoños aguardan, disecados
por el sueño vertido de tu acento,
mientras yo callo; el mundo en diez líneas
labrado en el estigma de tu pecho.

Respiraciones que aniquilan, labios
codiciando incansables tu desierto.
Los otoños aguantan en su espera
sin querer devolverte de tu sueño,

tu sueño de corales abrasados
fluyendo limpiamente entre mis dedos.
Yo absorto entre un instante que perdura
y otro instante que olvido sin remedio.

Instante tercero

Ningún cielo creía que importara.
Ni un mundo preguntó. Nadie buscando.
«Mejor para nosotros» pensé al viento
y una aurora chocó contra mis manos.

El vaivén de los álamos disuelve
los sarmientos de luz amalgamados.
Es tu espalda su tierra y ellos causa
de que suelden las horas de mis años.

Sin estelas de mares ni de angustia
cien nenúfares gimen en tu abrazo.
La luz sufre, tú invocas lo que suena
una nana de estaño, quizá acaso

un vacío irredento de nostalgia
o un diluvio en los lindes de mi espanto.
No sé… yo escuchaba sin oírte, pues
moría en el rompiente de tus labios.

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