Relato corto. Parte uno. ”Sin respuesta”.

Fue entonces, y solo entonces cuando el indígena se cruzó con la bestia y reflejado en esos ojos rasgados por la rabia, supo por fin donde quería que reposase su alma. Bajo sus pies, en la tierra, en las raíces… en las hojas mojadas por el rocío de la mañana que cubrían las piedras del suelo. De pronto la escena se ve interrumpida por un disparo, que hace que un enorme grupo de pájaros multicolores ajenos a la escena, salieran volando hacia unas ramas más tranquilas, o quizá hacia otros estados más cercanos al sol.
Enfoquemos cuidadosamente, el realismo de la escena depende de ello, e intentemos describir al salvaje imbuido en esa torpe realidad. Es cierto que por aquel entonces yo no sabía mucho de la vida, salvo lo que ponían los papeles enmarcados en el despacho de abogados de mi padre. – Mi hijo es antropólogo-. Yo sé que no lo decía con mucha convicción, después de todo el era el ilustre y yo ni si quiera tenía un rayo de toda la fuerza que irradiaba su corbata verde que gritaba: Cuidado conmigo. Por aquel entonces yo había terminado mis estudios, creo que me estoy repitiendo un poco, y había empezado un máster en cómo destrozar a tu pareja. Laura y yo llevábamos varios años saliendo, podríamos decir que desde la napolitana con chocolate y el café con leche- ¿Me podrías poner dos bolsitas de azúcar más?- Sí claro, cómo no-¿No te gusta lo amargo?- No pretendo ser dulce. Más o menos empezamos así, en la cafetería de Humanidades. Ella estaba de visita, estudió Psicología, venía a ver a Rocío, una amiga suya que estudiaba lenguas de no sé qué. Nunca me enteré bien de lo que estudiaba porque cuando hablaba con ella lo hacía en su cama, borracho y medio llorando porque Laura y yo habíamos discutido y había ido a buscar calor donde más frío encontré. Es normal que se acabase enterando, sobre todo porque creí necesario contárselo. Soy un idiota, pero hasta yo mismo sé dónde están los límites.

Cernu (24)

Unos ojos enormes miraban con descaro al tigre, desafiando a las rayas, que aunque éstas se encontrasen nadando en el mar, bastante alejadas de donde se encontraban, eran más nítidas que nunca. Sí que es cierto, que había creído morir cuando vio esa fila de dientes apuntando directamente hacia su corazón, pero el tacto de la lanza de madera en su mano le devolvió del mundo de los muertos, aún seguía vivo. El disparo no había marcado un antes y un después, únicamente había introducido un elemento más, la figura del cazador que sería cazado. Dicen que la selva, es para los hombres que llegan a fusionar su espíritu con el de las entrañas de la tierra, conectando desde cualquier punto del planeta con el extremo más alejado de los vientos del desierto. Por eso dicen que el resto debe conformarse con lo duro del asfalto y el calor de los monstruos metálicos, algunos también de carne y hueso, y que para enlazar con el mundo, que es su propia vida, necesitan de un dispositivo electrónico. Y yo me pregunto, ¿es que no hay mejor canal de comunicación que la lluvia?

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