Problema y solución.

– ¿Sabes que antiguamente las mujeres iban con los labios pintados de rojo, en época de crisis?
– ¿Con qué intención mamá?
Ella siguió mirando la televisión mientras sus manos se perdían en el suplemento de moda de El País. De hecho recordé que el año pasado por estas fechas, cuando alguien nos anunciaba que iba a ser ‘el rescatador’, echaron en la televisión una ¿noticia? sobre algo en relación a esto. No sé si tenéis en mente el capítulo de Los Simpsons, en el que se van a Japón y cada vez que encienden la tele hay un programa de robots que lanzan unas ondas que te dejan catatónico revolcándote por el suelo. Pues fue algo parecido a eso pero con un montón de labios rojos de todos los tamaños, incluso de señoras mayores. Lo sé. Probándoselos, cómo no, en el Corte Inglés. No os creáis que fueron a la droguería del barrio que necesitaría un empujoncito, no.
Todo esto, esta teoría no la digo yo, si no que Leonard Lauder, el de la marca de cosméticos, ya lo dijo en su día. ”La venta de pintalabios rojos se dispara cuando se aproxima una crisis económica”. No quiero imaginarme las calles de Nueva York en los años veinte, primero porque me muero de envidia, y segundo porque ante el crack del 29′ quién se imaginaría después que lo cotidiano de ver tanto rojo por la calle, sería perseguido años después, y conocido como ‘La caza de brujas’.
Pues bien, yo nunca, o casi nunca, suelo llevar los labios pintados de rojo, porque los tengo algo gorditos (Qué palabra más cuqui. No quiero meteros un rollo, pero es que es pensar en la derivación morfológica y la segmentación de esa palabra, y me vengo arriba), y prefiero llevarlos color frío. Pero las uñas siempre color rojo, porque te dan ese puntito de maldad desbocada, encima en las manos, ese pequeño poder fantástico. El color rojo siempre ha supuesto una gran incógnita.
Siempre me pregunté porqué decían que los príncipes tenían la sangre azul. Así ha sido toda mi vida, que me he pasado buscando a hombres de la realeza con el color de la poesía, y como todos la tenían roja pues los tiraba al lago de donde los había cogido antes de besarles y convertirles en príncipes. Es extraordinario, porque otras tantas comentan lo mismo. Con el tiempo algunas mujeres hemos adquirido el don de besar a un hombre y que se convirtiese en sapo, ¿sabéis lo importante que es eso? ¡Hemos dado la vuelta al proceso!. Esto aplicado en el otro bando es tan sencillo como trasladarse a cualquier lugar de la ciudad un viernes por la noche. – Sí tío, ligué con una chica preciosa, unos ojos que no se pueden aguantar, unos labios carnosos, un vestido rojo… Al día siguiente el sujeto del experimento se levanta con una resaca de amén, se mete en el ordenador y no sabe si ha terminado de bajarse El Señor de los Anillos o la muchacha a la que ve en su Facebook es un auténtico orco con denominación Fuenlabrada.
Es llamativo que nos acordemos de un color así. El cielo es azul, pero si un día lo viésemos rojo , ¿qué ocurriría? ¿Realmente el mar Rojo…es rojo? Quizá haya cosas que deban quedarse como están. Pero cuando el cielo se tiñe con destellos rojizos es extraordinariamente bello. No me importa poner tanto adjetivo, me es igual.
Es como en las películas. El hombre que nos llama la atención lleva algo rojo, es que no falla. Ya sea un pañuelo de esos doblados de mafioso en la americana, una rosa en los labios, o una chica con un vestido rojo en la mano. Este argumento se refuerza si nos acordamos del cartel de una de las mejores películas de la historia. El padrino.
Ahora imaginad un libro. No muy delgado, porque si no parece de los de SM para mayores de dieciséis, y no es plan. Uno más o menos como tres dedos de ancho. Con las tapas rojas, no me importa de qué material. Incita a la aventura.
Porque el rojo es aventura, es pasión, es un ‘no me vuelvo a beber nueve copas’, es otro ‘ya llegará alguien’, quizá sea un ‘ya ha llegado’, qué más da. El efecto que provocaba la venta de pintalabios de este color ha llegado a considerarse un verdadero índice económico, fascinante, incluso tiene un nombre: ”Leading Lipstick Indicator”. ¿Véis que no dice rojo o red o rouge por ningún lado? Es que se sobreentiende. Como cuando lees algo y no hace falta que te lo cuenten porque realmente le echas morro al asunto, o como cuando quedas con unos amigos y no hace falta ni que preguntes:- ¡Eh! ¿De qué os reís?- Si no que te unes.
Pues eso, que el rojo es cuestión de ”morro”, o de ”morros”. ¡Ah! ¿Y de qué color es el bote Coca-Cola?

Os dejo una canción en condiciones y unas fotos de ahora mismito.

”El grito siempre acecha…es la respuesta”.

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