Estado de malestar.

Llego a casa reventada. Llevo nueve horas casi en la universidad sin tregua. Aquello parecía una batalla campal acompañada de risas, morfemas, y algún que otro comentario sobre la ironía y el humor del Quijote. Todo tirado por el suelo, justo al lado de mis ganas. Lo peor es que, esto último de Cervantes, es cierto, que a todos nos está gustando bastante. A veces nos doy miedo.

– Andre, si te sabes el teléfono de la abuela llámala anda, que no estás haciendo nada.
– Jolin Oli, es que estoy leyendo.
– Anda anda, no mientas.

Cuando estudias filología es una de esas excusas que puedes poner. También véanse otras del tipo ‘estoy investigando’, ‘tengo que analizar esto’, ‘me estoy viendo todas los programas de Soler Serrano entrevistando a los escritores del Boom para clase en Youtube, y por eso estoy con el ordenador’, no sé espero que algunos me entendáis. Hoy he soñado con Cortázar.

– Sí dígame.
– ¡Abuelaaaaaaaaa! (Según la experta fonetista que vino a darnos la clase el otro día, esto sería una entonación exhortativa, con ‘h’ intercalada por favor.- ¿No me diga?).
– Hola nieta.
– ¿Cómo está usted señora García?
– Pues muy bien nieta, aquí pasando la tarde que acabo de volver de la calle, que he estado haciendo unos ‘recaditos’. Ahora miraré que me queda por la nevera para cenar y me pondré a hacer los deberes de matemáticas. Si mira son muy sencillos, aquí en la página treinta y dos, viene uno que es de una serie que tienes que contar de tres en tres para llegar a un laberinto que…
– Abuela, estoy algo cansada y no me apetece pensar. No es por ser cruel pero no me apetece pensar en números, si quieres te llamo otro día. Sé la ‘malota’ de la clase, y le dices a la profesora que no has hecho los ejercicios, que te los has dejado, que ha llamado Mari y le has tenido que invitar, irremediablemente, a un café con pastas chocolate y a ”Amar en tiempos revueltos”. ¿Qué te parece?

Mi abuela hace yoga, manualidades y se está sacando primaria de nuevo. Siempre presume de haber sido bilingüe con francés, aunque ahora solo recuerde como se dice ‘hola’. Me parece algo maravilloso.

– Bueno bueno, pero mira aquí tengo unos de lengua. Oye, ¿tú qué estudiabas? Es que mis compañeras no hacen más que preguntármelo y nunca me acuerdo chica. ¿Psicología? Algo terminado en eso, ¿no?
– No abuela filología.
Se lo he dicho cerca de un millón de veces, pero no me importa decírselo una vez más. Es la única persona sobre la faz de la tierra que cuando cocina paella, es capaz de convencerme (durante un tiempo) de que me gusta. Al rato la vuelvo a odiar.
– Abuela, ¿Vas a ir mañana a la manifestación?
Me río, pero sin malicia. El otro día cuando paseaba con Lola por la calle, vi a los yayo-flautas, creo que los llaman así, yo también, rodeando Bankia. Me dolió, porque sé que mi abuela también tiene dinero en esa mazmorra.
– ¿Yo? ¡Yo que voy a ir!. Prefiero quedarme tranquilita en casa.
– ¡Pero tienes que ir! Ve con las chicas, e id a ver, que está relativamente cerca, acercaos.
– Mira Andre, que no, que me da miedo encontrarme con lo que no busco, que no. Que me quedo en casa viendo mis ‘Tiempos revueltos’ y ya. En fin, esto es algo serio.
– Sí que son tiempos revueltos, abuela, lo son-.

Yo que apenas entiendo nada, porque es cierto, en algunas cosas debería mantenerme callada, pero no quiero, porque he desarrollado un mecanismo ancestral de defensa en contra de la mentira y la falta de alas que tiene la libertad, intento enterarme de todo. Como es ancestral espero que sea eterno, que muera conmigo. Por cierto, tengo que planear mi muerte como Pasolini (Pier Paolo Pasolini con corazones en mi Moleskine), uno de los dioses del cine italiano. Como Fellini.

– ‘En fin, son palabras en latín’.
– Pues yo mañana voy a ir abuela, que nos están recortando hasta el espacio de las mesas en la universidad, no hay quien respire en una habitación con tantos recortes y promesas de papel.
– Pues muy bien hija. A mi me han subido los medicamentos, que el otro día cuando fui a la farmacia y al médico, que tengo visita mañana, a ver si lo apunto, bueno, que fui con Carmen, espera no fue, con si, fue con Carmen…
– ¿Tu prima?
– No la otra.
– Ah.
– Bueno pues eso, que me cobraron en total unos veintitantos euros por tres medicinas que me hacen falta…Y nos quieren tocar las pensiones.
– Si una señora de tu edad se tiró por la ventana en Barakaldo el otro día…los desahucios ya sabes…
– ¡Ay!- Sé que se está tocando la cruz de oro del cuello- Qué pena…Yo si nos tocan las pensiones no sé qué pasará…
– Si te recortan las pensiones, los que compres en el super o en cualquier sitio o cosas que quieras hacer seguirán costando lo mismo abuela y la diferencia será que no llegarás bien a fin de mes…no sé.
– Hija, tú ten mucho cuidado, que no te peguen, que no te toquen, y si pasa algo, tú sal corriendo, corre , ¿eh? Y dile a tus amiguitas lo mismo. Por cierto, ¿Cuando vienes a verme?

Me quedo helada, no sólo porque mi pared,sobre la que apoyo mi espalda (estoy encima de la cama) sea la más fría de mi casa, si no porque mi abuela vivió en un convento-colegio dos o tres años durante la guerra civil. Porque su padre murió en una explosión durante el conflicto y no le llegó a conocer. Porque estuvo trabajando en un hospital casi toda su vida haciendo lo que le pidieran. Porque ha sacado adelante a dos hombres hechos y derechos y a mi madre ella sola. Porque tiene un primo militar, digno de cualquier libro de Galdós en la época de Doña Perfecta, que no le deja en paz, y que le hace la vida imposible en su casa del pueblo, que es el único lugar en el que ella se siente feliz. Por una mierda de tierras. Esto parece la España de Caín. Ayer Reverte decía en Twitter, que habría que registrar el término ‘hijoputil’ en la RAE. Pues eso.
Que alguien como ella, tenga miedo, es increíble. Ella es de derechas, aunque ahora no sé muy bien qué es, yo creo que ni es, pero es así por el lugar y el tiempo en el que tuvo que vivir y callar. Y eso que cuando estaba Felipe tuviera que apagar la televisión porque le convencía en exceso y se quedaba atontada escuchándole (y eso que sex-appeal poquito), tan religiosa que va a ver al Cristo de Medinaceli más veces que puede llegar a comer chocolate al cabo del día (en eso somos iguales) que ya es decir. Que ella tenga miedo…es…menos que insostenible.
No sé si es tremendista, corregidme ya digo, pero tengo en mi mente al señor mayor del 25S, que estaba en primera fila y al que un anti-disturbios golpeó en la cara. Es imaginarme a doña Isabel y se me revuelve el estómago. Yo nunca lloro abuela, pero bien sabes que si lo pienso no puedo.

– He quedado con mis amigas de la uni para ir, te cuento otro día. Estamos pensando una pancarta…no sé nos ocurre nada…
– Sin miedo.
– Perfecto.
– Por cierto, pronto. Muy pronto.

Espero que mañana ocurra de todo, todo bueno. Menos Sancho y Quijote, Quijote y Sancho delante de unos gigantes con unas aspas inventadas en forma de brazos sin parar de girar, le den a quien le golpeen.

Hoy ha sido martes y 13, pero esperamos que mañana 14 haya suerte.

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Os pongo a Lana del Rey versionando a Bobby Winton, que me encanta.

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