Cuadro de gentes, Madrid. (1)

El chico. Un chico al lado de mi,
No para de no mirarme y
puede que esté sonriendo.
Habla con alguien y vuelve a
reírse.
Madrid, siempre hay una
historia que me lleva detrás de
ti
”.
Sin cerveza, ambiente riojano,
Ahora se pone a cantar algo
de jazz: ”Tara ri tara ra ra ra”.
No lo entiendo. Son las cinco.
Está inquieto. No es el
tran-tran del bus.
Dice que le pagan el paro,
que para eso estudió una carrera y no tiene trabajo,
que ama la música,
que apenas tiene dinero,
para tocar donde su música quisiera.
Me equivoqué. Dice que no sabe dónde está,
que no sabe dónde bajarse, está así por besar a una rubia
demasiadas veces en la boca, y por tocarla el cuello con sus manos.
Le da un golpe al cristal.
Todos nos miramos.
Nos mira como diciendo ”Pues va a abrir”.
O se comporta, o se baja.
Perra vida. Ciudad. Dinero. Se cambia de asiento. Cada
vez más cerca
Tiemblo algo, y cierro la ventana
Plac”.
”Moriría viendo a los U2”.
Parece que siente la música,
no sé si será rock o metal.
Sabe como a Coca-cola– dicen
unos chicos.
Me pregunto si hablan de
la vida y de si este chico del
que hablo la aprecia,
si habrá sido feliz.
Las cinco y cinco.
Eh…tú…chica,¿Crees en Dios?

Pues deberías.
Dice ahora que ha estado en
Sol. No veo ningún rayo.
Puede que dentro de unas
horas un par de rayas.
Canta: Personal Jesus de
Depeche.
Yo tenía razón. La vida es un
círculo, es retornar…
Yo a casa de mis padres
dice. –¿Dónde si no?– me preguntó.
Con la que está cayendo.
Y cuando parece que se
acaba vuelve a empezar.
Es la sexta vez hoy que se hace
la línea de bus.
Una y otra vez. Volvamos a
empezar.
Se baja del bus y esta vez
llora.
Se cierran las puertas.
Me ve alejarme. Ahora sí. Ríe
con el sol de cara. Son y siete.

R (81)

”To see what you see…don’t know hfor how long…”

El fenómeno fan(fatal).

Como últimamente, como dijeron los Pereza, ”veo a gente fan, fan, fatal”, me decido a escribir sobre esto, ¿y porqué no?
Primero de todo quería plantear una duda,varias, de estas profundamente existenciales, que no voy a resolver porque quiero hablar del fenómeno en sí, pero me han surgido esta mañana nada más levantarme, como aquel que dice. ¿Cómo tienes que ser de famoso para escribir una biografía de tu vida? ¿Cuántos años se consideran suficientes para poner tu vida por escrito?¿Le va a interesar a alguien? ¿Tu vida? No tiene nada que ver con Jose Mari.

– ”El mundo nos ha dividido en estrellas y en fans.”
– ”¿Qué se siente siendo ”faneado”?”
– ”¿Somos fans de póster como dice Carolina Cerezuela?”

Yo puedo decir por ejemplo, que me considero (muy) fan de Javier Marías. Que me he visto todas las entrevistas que ha hecho, que he leído todos sus artículos del Semanal desde que lo cogí por primera vez, y que tengo dos libros firmados. Que el día en el que le tuve enfrente y pude decirle cualquier cosa, por muy estúpida que fuese, decidí agachar la cabeza, decir mi nombre bajito e irme corriendo, casi gritando: ¡Me ha firmado, me ha firmado!. Pues bien, yo esto no sé si se considera ser fan de alguien, porque es necesario contrastar un poco más. Pongamos a una ‘belieber’ de esas que piensan que Justin Bieber es el mejor cantante de la historia, me ahorro el taco, que darían todo por él y que apenas duermen ni tampoco viven porque tienen que tener el teléfono en la mano para leer hasta dejarse los ojos, todas las tonterías que pone este lo que sea en su Twitter. Podríamos hablar de envidia, a lo mejor todos querríamos tener la vida de este muchacho, cuya madre colgó un par de vídeos en Youtube, y a alguien le gustó tanto como para señalarle con el dedo y decirle:- Tú, tú serás una gran estrella, millones de muchachas por todo el mundo querrán tocarte, pero saldrás con una princesa Disney actual. Esta es Selena Gómez, Selena, Justin, Justin, Selena. Y con tan sólo diecisiete años tendrás montañas de dinero, una marca de ropa y fans que se rapan la cabeza por ti en cuanto leen que tienes una enfermedad terminal. Que al final resultará ser mentira, y tendremos una generación de medio millón de chicas con el pelo a lo garçon. Esto es una ‘dedocracia’ en toda regla.
Yo no me veo así. Puede que sea porque haya que clasificar a los fans en silenciosos y gritones.
Ayer vi en la televisión que la autora de 50 sombras de Grey estaba en Madrid firmando su trilogía y vendiéndola como churros. La cola era inmensa, y no es que se hiciese ayer el agosto, si no que se hizo 7 u 8 veranos más concretamente. A costa de muchísimas personas esa mujer, esta madre de familia, que según dicen ha escrito un buen Best-Seller, veraneará en el lugar del mundo que quiera y llevará a sus hijos a Eurodisney, quién sabe si llegará a despertar al viejo de Walt, e inaugurará un parque ella sola. Muchas de las personas que guardaron impacientemente la cola, se declaraban fans de esta mujer, y lo cierto es que no sé porqué. Dicen que sus libros ‘enganchan’, que cuando te das cuenta te han dado las seis de la mañana sin poder parar de leer. Pues bien, ninguno de los que van al trabajo ojerosos se han parado a pensar que esta mujer escribía fanfiction, y que si es tan atractivo el libro es porque desvela todos esos deseos oscuros que alguna vez hemos llegado a tener,que nadie se ha atrevido a revelar, y como ahora alguien se ha atrevido a verbalizar, es compartido por todos. Además leer es una actividad que se ve divinamente en sociedad, se aparenta cultura, sabiduría, espíritu inquieto y algo bohemio. La gente que tiene en la mano esos libros tiene el mismo glamour que un tío gordo con una camiseta de obrero especializado, de los que te escupen piropos por la calle, sentado en un váter con una revista porno en la mano. El James no ha venido a inventar nada, los libros sobre pasión desenfrenada y sin límites humanos ya estaban inventados. Basta con volar al S XIV o a la librería o biblioteca más cercana y coger el Libro del Buen amor o cualquier tratado medieval. Eso es libre albedrío, y no decir:- Este libro es genial, todo el mundo lo lee. Incluso podéis leer ‘Lolita’ de Nabokov. Leedlo ‘gente de grey’.
Es imprescindible hablar del fenómeno no puedo dormir, soy muy fan de, en el capítulo de música, comida y lugares. Los M&M’s que para entendernos, son los lacasitos a la americana, han creado un estilo de vida. ¿Qué hago mientras estudio? Para dentro. ¿Que estoy con mis amigos?Uno, dos, tres, cuatro, la bolsa entera. ¿Que voy al cine?- Disculpe, ¿podría ponerme todo el mostrador? Es tal la extensión de esas capsulitas de chocolate,pintadas de todos los colores que se nos pudieran ocurrir, que en pleno Times Square han abierto una tienda enorme, hasta en las Vegas. Junto a la de Coca-Cola. Que también tiene muchos adeptos, coca-colamaníacos que mueren por el rojo y blanco vidrio de una botella. Es normal que sean fans de una marca cuyo producto vende felicidad a bajo precio. ¿No?
Respecto a los grupos de música hay mucha confusión. Yo sé que el rastro de Madrid es una pasada, y que aunque no hayas escuchado en tu vida a Los Ramones o a Nirvana, comprarte una camiseta chula, pues es algo que antes o después, Nostradamus ya lo había dicho, y tenía que cumplirse. Digo que es algo que debiera cumplirse, no que tuviera que pasar. Lo que pasa es que hay mucho postureo, como en todos los sitios. Un verdadero fan cuando va a pagar la camiseta, tararea algo o dice alguna anécdota que haya leído por internet o por donde sea. Yo que sé, a veces me enerva un poco esto. Hay que ser fans, en la justa medida en la que la otra parte va a mostrar reciprocidad. El chocolate nos dará la felicidad, la música nos recordará momentos de nuestra vida, y la Coca-cola …bueno. La Coca-cola es sinónimo de : ‘Vive la vida’. Ni mucho, ni poco. Si es poco no hace falta ni que te esfuerces, y si es mucho pues con cuidado, que no queremos otro John Lennon a estas alturas, ni imaginarlo, ¿eh?
También tengo otra duda y es que si gustar es sinónimo de ser fan. Es decir, que te guste dar paseos por el centro, ¿te hace ser fan?, que te guste la sonrisa de alguien llena de helado, ¿te hace fan?¿helado o persona?¡Frambuesa!. Que te guste ir en metro, ¿te hace ser fan?¿Nos hacemos camisetas con el plano del metro de Madrid?Triunfaría entre los provincianos. A lo mejor incluso nos forrábamos.
Hay que ser fans de todo en la vida. De nuestras personas favoritas, de lo que nos pasa, de todo esto, que sólo se vive una vez, morenos, de lo que veamos básicamente. Porque hay que vivir con pasión, como si cada día fuese el último, sí, esto es una invitación a ser fans del Carpe diem, que engloba todo. No rechazar nada, y tampoco centrarse en sólo una cosa. Esto no deja de ser una opinión más, no hay que olvidarlo y si queréis leer 50 sombras de Grey adelante, o si queréis escuchar a Justin Bieber hacedlo, reconozco que yo cantaba el ‘Baby’ hasta que bueno. Lo que fuese. El caso es no cerrarse, y abrir la mente. Hacedlo todos juntos a la vez, a ver si conseguimos que en este mundo haya menos fánaticos (por cierto me encantan la derivación esta que os habéis sacado de la manga los de Pipas G y los ‘tijuanáticos’, chapó) y más amantes de la vida. Buena o mala.
Y siempre habrá poesía.
Ya me callo.

Pd. J.K. Rowling y Harry Potter no cuentan, porque es una pasada. Es más ‘limpia’.

Esta banda sonora, es una auténtica invitación.

Así es la vida.

Dedicado a Tom, a Thomas Curry o Sheasby o ‘Montodo’ o a un ‘hispter’. El cual responde con un: ‘Andea Todibio’. Inspirado hoy mismo, escrito durante el taller de cine,películas, en las que tú nos ganas a todos. El poema se basa en el mito de Medea, de Arturo Ripstein: ”Así es la vida…”. Te nombro por aquello de que no sales en mis escritos, y no es bien. Y cocinas salmón. Y a mi no me gusta la tortilla de patata. Y ahora todos me preguntan, si soy española. Eso creo.

Mirábanse tan apasionadamente
que el tango tuvo que cambiar de nombre,
para llamarse: ”Tiempo de ellos”.
El bolero que suena: ”Amapola, clavel,
una flor ha caído entre las mías, son tus caderas al rítmo,
melodía que bailan nuestras voces descubiertas, querámonos de día…”,
le hace pensar a ella, que es la otra, que la escena bien pudiera ser
muy distinta a la que ve
los dos amantes, envueltos en papel de amor, pintados de azul,
ella quisiera contemplarlos en verde.
El uno frente a la mujer, amapola y clavel,
él le mira fijamente y tiene las manos dispuestas,
sus ojos se clavan en su tripa, y cree verse así mismo abrazando sus caderas,
su nariz encaja perfectamente en el ombligo de ella.
Mira hacia ariba y ella es nube en un cielo
iluminado por una lámpara de cristal y cobre.
Manos que se deslizan hacia arriba desplazando el ramo, desplazando el paisaje
un vestido estampado, amapola, clavel.
Ajena,perdida,
anda en paralelo y se choca con el árbol que los esconde,
abrazando fuertemente, no cómo él.
Lleva las manos limpias, el corazón sincero, pero el alma negra,
como las intenciones de su pecho.
-Que vuelen, que ardan bien lejos.
Algo que se escribió antes, se rompió después,
cuatro trozos verticales, dos horizontales, amapola, clavel.
Algo que se escribió antes, ahora en llamas, se pega a la pared.
Y se deshace, para confundirse con el polvo del suelo y algunos recuerdos.
Ellos dos pisos más abajo, también.
Era de noche, alba y lucero, ya solo son nombres de lo que fue un improvisado poemario.
Dicen que son trampas, que son trampas del amor, es la lírica, lo son.
Aquella noche cayó, mientras los amantes pensaron que se trató de un pájaro.
Rozó la ventana y ellos fueron lo último que vio.
– Noto frío desde que el pájaro una pluma dejó.
– No te preocupes, sigue la noche como el árbol del patio.
Fundiéndose en un beso siguieron, y no era justo.
No era justo, y algo cruel, que un suelo frío de mármol custodiase de en adelante su piel.
Mientras ellos, vorazmente
se amaban. Amapola, clavel.

Os dejo una secuencia ALUCINANTE de la película, canción y algo habrá por ahí.


Una de cisnes y flamencos.

No puede, si no que es ciudad.
Calle vacía marcada por las pisadas de tu boca.
Farola en cada tramo, semáforo de besos y alcohol.
El humo que desprenden tus labios se vuelve frío en contacto con mis manos,
Tus dedos rozan mi piel, tocan mi pelo, se desvanecen
Chocamos contra la gente, el viento los desplaza a ellos.
Y mientras tanto seguimos bajando la calle que nos sube por los pies.
No hay nubes no, no hay cielo, tampoco,
La luna apenas se deja ver, las estrellas prefieren esperar,
Aun el telón no ha caído, ni los focos se han acabado. Tampoco las palmas.
Parece que alguien entra por bulería, pero no es más que un papel
En contacto metálico con uno de esos postes, que ya dije, desprenden luz.
Calle vacía marcada por tu sombra.
Ya esperando el autobús, otros me enmarcan,
No es un cuadro, tampoco una…

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No puede, si no que es ciudad.

No puede, si no que es ciudad.
Calle vacía marcada por las pisadas de tu boca.
Farola en cada tramo, semáforo de besos y alcohol.
El humo que desprenden tus labios se vuelve frío en contacto con mis manos,
Tus dedos rozan mi piel, tocan mi pelo, se desvanecen
Chocamos contra la gente, el viento los desplaza a ellos.
Y mientras tanto seguimos bajando la calle que nos sube por los pies.
No hay nubes no, no hay cielo, tampoco,
La luna apenas se deja ver, las estrellas prefieren esperar,
Aun el telón no ha caído, ni los focos se han acabado. Tampoco las palmas.
Parece que alguien entra por bulería, pero no es más que un papel
En contacto metálico con uno de esos postes, que ya dije, desprenden luz.
Calle vacía marcada por tu sombra.
Ya esperando el autobús, otros me enmarcan,
No es un cuadro, tampoco una canción, ni si quiera un estado de ánimo.
Ellos están rodeados, estoy sitiada, un silencio continúo que parece un burbujeo.
Mejor, creo que son como gotas de agua. Una, dos, tres, mil, quién sabe.
Misma materia, distinta esencia.
Palabras, sonidos, palabras, te recuerdo
Palabras, sonidos, palabras, te veo alejarte desde aquí
Calle vacía marcada por ti, que no estás
Pero tengo que cerrar los ojos porque veo tu nombre en las luces
Veo tu nombre en mi ropa
Te veo, y la calle quiere que duerma
Y por no llevarle la contraria a la línea de edificios que bordean, que dibujaste a tu paso
Le hago caso y me marcho en dirección opuesta a la noche.
Buscando el día. Pasan las horas.
Palabras, sonidos, palabras, te descubro.
No es una estrella lo que se ha alejado.

Experimento 1.

Estoy asistiendo a un curso maravilloso de escritura en el Cervantes. Nos han propuesto que elaboremos una historia a partir de un personaje dado con anterioridad. En este caso se trata de Andrè Maginot, a algunos quizá os suena su estrategia defensiva durante la primera guerra mundial, la de la línea cuyo nombre es el apellido de este. Yo también lo desconocía hasta hace poco. Es decir, no tenía ni puñetera idea. Por no decir otra cosa. Buscadle en internet, la Wikipedia no está mal, al menos orienta las fechas. Que nadie lo cambie.
Espero que lo disfrutéis casi tanto como yo al escribirlo. Comencemos.

Parecía que las flores estaban más abiertas que nunca, como abrazando lo invisible, y que el sol brillaba transmitiéndole ideas felices a través de sus gafas de sol. Llegaban nada más y nada menos que desde el otro lado del Atlántico. Aunque no le cayeran bien los americanos, sabían cómo mantener la posición y el estilo, sobre todo este autor…Hemingway. Los compañeros de gabinete, sobre todo ese Hèrgè Giulliot, se habían reído a mandíbula batiente durante un período de tiempo que pareció una eternidad. O al menos eso pensó. La verdad es que no le importó, él estaba por encima. Y lo que realmente tenía valor para él es que el papel plateado que envolvía la Fiesta, reflejase la sonrisa de Marie al abrir el paquete, y que además retratase la escena. A lo mejor era mucho pedir, una mujer feliz, junto a su exitoso marido, abrazándose como antes, como ahora, y hasta la muerte. Maldito Hèrgè.

Tengo que disponerlo todo tan rápido, que no sé si podré. Tantas tretas, tantos engaños, tanto de todo para que en diez minutos escasos estalle la guerra en un piso en el lateral de los Campos Elíseos. Ella se imaginaba corriendo a través de las olas, el efecto que produciría el aire al acariciar los campos quemados de Castilla. Llevaba meses preparándolo todo. Mintiendo. Falseando gestos, aprendiendo otros nuevos. No quería parecer distante, por eso transigía a los besos de su marido. Llegó a odiar a todos los hombres que veía por la calle que lo tuvieran. Independientemente de quien fueran. Porque siempre veía a André. A André siempre. Y a ningún otro. Como aventuré y no terminé, prosigo. Marie se había carteado con una compañera que conoció durante la guerra. Tenía gracia, pues se llamaban igual pero procedían de otro lugar, aunque fuesen almas gemelas. Como Marié quería la felicidad de Mery, y ésta se había casado con un tal Antonio Pascual-Giménez, pues qué mejor que ir a conocer el país vecino. Se había permitido sentarse a divagar. Pero algo le dijo que se centrara. Le vio caminar por el parque desde la ventana. Tembló. Volvió a lo que estaba haciendo. ¡Céntrate, céntrate, libertad!

Se palpó cada uno de los bolsillos de su chaqueta, los del pantalón, incluso llegó a palpar el paquete. No tenía ni idea de dónde podía haber dejado las llaves, pero le reconfortó pensar que hacía cuatro meses que había contratado a James, y que le pagaba para algo, aparte de para pasearse por las calles de París con su coche alemán sin su permiso. No tenía ninguna intención de despedirle, hacía reír a Mariè con sus chistes de humor inglés, que aunque él no entendiera se reía. Siempre la gente que le había rodeado a lo largo de su vida le consideraban un hombre inteligente, de hecho llegaron a hablar de él como un auténtico erudito sacándole los colores que no tuvo nunca en su vida, siempre se había considerado algo gris, hasta que apareció la mujer que le pintó. Estaba cada vez más cerca del umbral de su casa. Del portal. Veía nítidamente a Emile, su portera. Seguro que le contaba algún chisme. El día no podía ser mejor.

Tenía la maleta hecha, ya había dejado la nota con el pañuelo que tenía bordadas sus iniciales, y su pintalabios rojo. Todo en el tocador. Sabía que André lo registraría todo. Hasta el último rincón de aquella casa que le apresaba y que sin embargo tenía un refugio entre tanta oscuridad. James le había ayudado. Un día caminando por el pasillo, se dio cuenta de que un tablón del suelo se movía. Los dueños anteriores habían hecho un agujero en el suelo tremendo, entre plantas. El ascensor hacía mucho ruido, y cuando hicieron la primera prueba y Mariè estuvo apenas un par de minutos ahí dentro, James tuvo que sacarla corriendo, llena de polvo y de serrín. Pero ya todo estaba arreglado. Echó un último vistazo a la habitación y pasó la mano por la cómoda. Fue corriendo a la cocina donde James miraba pensativo la baldosa rota con la flor de Lis, que fue el detalle visible que no quisieron quitar al adquirir el inmueble. Allí vio a Sandy, le abrazó fuerte. Se miraron un momento, y al otro un brazo fuerte que acababa de apagar el cigarrillo en la encimera la arrastró hasta el pasillo. Abrió el portón, con una seguridad que daba miedo le metió con cuidado allí abajo. Le dijo que ya le avisaría, que estuviese tranquila. Suspiró. Lo último que llego a oír con tanta nitidez, antes de que la sangre de su cuerpo se concentrase creando un desequilibrio nervioso, fue la alfombra persa que cubrió la trampilla. Y tras eso, unos pasos firmes alejándose.

Tenéis que escuchar a Leonor Waitling y su grupo. Marlango. Son bien. Disfrutad la tarde de sábado.

Mi abrazo busca tu forma, tu voz desde lejos se pierde en la sombra. Dónde vas sin mí.



Tú eres Simon, yo Garfunkel.

¿Se puede ser tan sumamente inteligente como para llevar unas Ray-Ban de pasta sin aparentar?
La respuesta es sencilla. Del muchacho del que hablo, o del que voy a hablar, se sentó a mi izquierda el otro día en el metro. Iba leyendo un libro que él mismo había escrito. No me preguntéis cómo lo sé, es intuición. Si las mujeres de este planeta desenmascarasen ese mundo secreto sería el fin. No para de abrir el libro que tiene en la mano por cualquier página, de sonreír y de mirarnos por encima de las gafas. A lo mejor era yo la que se estaba equivocando, y estaba juzgando un libro por su tapa, y el chico tan sólo trataba de exteriorizar su gusto por la literatura. Pero no me lo creo. Además están leyendo poesía. Por Dios, ¿quién lee eso ahora?

Sin embargo,ahora, caigo en la cuenta de algo que me importa, no siempre, pero sí con frecuencia. ¿Podemos llegar a tener miedo de perder cosas que no tenemos?Yo lo tengo, porque me paro a pensar en la cantidad de libros que no están a mi alcance, de todas esas personas que me voy a perder, y de todos los momentos que no podré escribir o vivir.
Es extraño cuando te encuentras en un grupo de amigos que cuentan momentos que se desarrollaron cuanto tú no estabas presente , y en cierto modo muere algo de ti, aunque no sea cierto, y llores de risa escuchándolos.Quizá lo que perdamos se recicle y alguien lo use por nosotros y nos lo transmita a la larga de una manera mucho más enriquecedora.
Esto me lleva a reflexionar sobre la importancia que tenemos que otorgarle a las cosas, sobre todo a canciones como la de Personal Jesus de Depeche Mode, que escucho ahora y que me está ayudando a escribir esto.
Con las personas debe pasar algo parecido, y si no calcado. Nos perdemos en cosas que son superficiales a más no poder, pararnos a pensar cómo llego alguien a nuestra vida me parece interesante. ¿Lo hemos elegido o nos han elegido? Es interesante, a más no poder.

Ahora mismo escribo mientras camino por el metro y creo que pronto, si no ya, me llevaré a alguien por delante. Subiendo las escaleras tras caminar un poco más, hay una pastelería, que huele a palmera de chocolate compartida, con los labios rebozados de ese ungüento que ahora mucha gente usa de exfoliante. Y yo pienso, desde la indignación, as usual, que es un gasto demasiado gratuito e innecesario.
Abro la puerta y me da el frío un bofetón en la cara, la señora que me abre la puerta amablemente no ha aceptado mi gracias. Al final de las escaleras hay una chica con unos zapatos rojos. No es Dorita. Son de época, antiguos como de la Belle Époque. No voy a decir que os lo dije. A todo esto un todoterreno no para de pitarme mientras yo bailo ”Un dos tres, un pasito pa’lante María”. Me acaba de insultar. No sé cruzar los pasos de cebra. Quiere atropellarme. Él se lo pierde.

Lo que no podemos dejar de lado o perder, es el ser educados , y por eso ahora saludo con un buenos (días, tardes, noches, lo que sea) al conductor del autobús, pues porque así soy yo, as often. Nunca debiéramos perder la educación pero hay algunos que la tiran al arroyo que desemboca en un río lleno de piedras para desembocar en un mar atormentado por el vendaval. Esta palabra no suelo usarla mucho, pero bueno como ahora escucho a Vetusta Morla, pues es lo que hay.

Miro por la ventana del autobús, y veo a muchísimos figurantes, como yo, que adornamos la calle, mi calle. Quisiera descubrir cada uno de los universos paralelos que me abrazan, escribirlos al menos, pero no puedo porque entiendo que es labor de todos recoger la vida. Y con esto creo que lo voy a dejar ya, que me estoy poniendo mística, que no es que no me guste, pero es que ahora en cuanto llegue a casa tengo pescado.
Las hojas a medida que camino, van cayendo de los árboles y siento que me he perdido el cambio de color. Pero lo más probable es que lo haya vivido y no lo haya valorado, como tantas personas que he conocido, algunos lugares y un par de experiencias.

Miro a un lado y al otro de la carretera. Vuelvo a decirlo. No quiero que me atropellen. No querría perderme el resto de mi vida ni la de nadie. Ni tampoco al chico que se sentó a mi lado, al que probablemente no vuelva a ver, salvo a sus libros, que en un futuro leeré sin darme cuenta. No le pregunté quién era. Ni quién sería para el resto de nosotros y para con el mundo.

Este grupo es maravilloso.

Problema y solución.

– ¿Sabes que antiguamente las mujeres iban con los labios pintados de rojo, en época de crisis?
– ¿Con qué intención mamá?
Ella siguió mirando la televisión mientras sus manos se perdían en el suplemento de moda de El País. De hecho recordé que el año pasado por estas fechas, cuando alguien nos anunciaba que iba a ser ‘el rescatador’, echaron en la televisión una ¿noticia? sobre algo en relación a esto. No sé si tenéis en mente el capítulo de Los Simpsons, en el que se van a Japón y cada vez que encienden la tele hay un programa de robots que lanzan unas ondas que te dejan catatónico revolcándote por el suelo. Pues fue algo parecido a eso pero con un montón de labios rojos de todos los tamaños, incluso de señoras mayores. Lo sé. Probándoselos, cómo no, en el Corte Inglés. No os creáis que fueron a la droguería del barrio que necesitaría un empujoncito, no.
Todo esto, esta teoría no la digo yo, si no que Leonard Lauder, el de la marca de cosméticos, ya lo dijo en su día. ”La venta de pintalabios rojos se dispara cuando se aproxima una crisis económica”. No quiero imaginarme las calles de Nueva York en los años veinte, primero porque me muero de envidia, y segundo porque ante el crack del 29′ quién se imaginaría después que lo cotidiano de ver tanto rojo por la calle, sería perseguido años después, y conocido como ‘La caza de brujas’.
Pues bien, yo nunca, o casi nunca, suelo llevar los labios pintados de rojo, porque los tengo algo gorditos (Qué palabra más cuqui. No quiero meteros un rollo, pero es que es pensar en la derivación morfológica y la segmentación de esa palabra, y me vengo arriba), y prefiero llevarlos color frío. Pero las uñas siempre color rojo, porque te dan ese puntito de maldad desbocada, encima en las manos, ese pequeño poder fantástico. El color rojo siempre ha supuesto una gran incógnita.
Siempre me pregunté porqué decían que los príncipes tenían la sangre azul. Así ha sido toda mi vida, que me he pasado buscando a hombres de la realeza con el color de la poesía, y como todos la tenían roja pues los tiraba al lago de donde los había cogido antes de besarles y convertirles en príncipes. Es extraordinario, porque otras tantas comentan lo mismo. Con el tiempo algunas mujeres hemos adquirido el don de besar a un hombre y que se convirtiese en sapo, ¿sabéis lo importante que es eso? ¡Hemos dado la vuelta al proceso!. Esto aplicado en el otro bando es tan sencillo como trasladarse a cualquier lugar de la ciudad un viernes por la noche. – Sí tío, ligué con una chica preciosa, unos ojos que no se pueden aguantar, unos labios carnosos, un vestido rojo… Al día siguiente el sujeto del experimento se levanta con una resaca de amén, se mete en el ordenador y no sabe si ha terminado de bajarse El Señor de los Anillos o la muchacha a la que ve en su Facebook es un auténtico orco con denominación Fuenlabrada.
Es llamativo que nos acordemos de un color así. El cielo es azul, pero si un día lo viésemos rojo , ¿qué ocurriría? ¿Realmente el mar Rojo…es rojo? Quizá haya cosas que deban quedarse como están. Pero cuando el cielo se tiñe con destellos rojizos es extraordinariamente bello. No me importa poner tanto adjetivo, me es igual.
Es como en las películas. El hombre que nos llama la atención lleva algo rojo, es que no falla. Ya sea un pañuelo de esos doblados de mafioso en la americana, una rosa en los labios, o una chica con un vestido rojo en la mano. Este argumento se refuerza si nos acordamos del cartel de una de las mejores películas de la historia. El padrino.
Ahora imaginad un libro. No muy delgado, porque si no parece de los de SM para mayores de dieciséis, y no es plan. Uno más o menos como tres dedos de ancho. Con las tapas rojas, no me importa de qué material. Incita a la aventura.
Porque el rojo es aventura, es pasión, es un ‘no me vuelvo a beber nueve copas’, es otro ‘ya llegará alguien’, quizá sea un ‘ya ha llegado’, qué más da. El efecto que provocaba la venta de pintalabios de este color ha llegado a considerarse un verdadero índice económico, fascinante, incluso tiene un nombre: ”Leading Lipstick Indicator”. ¿Véis que no dice rojo o red o rouge por ningún lado? Es que se sobreentiende. Como cuando lees algo y no hace falta que te lo cuenten porque realmente le echas morro al asunto, o como cuando quedas con unos amigos y no hace falta ni que preguntes:- ¡Eh! ¿De qué os reís?- Si no que te unes.
Pues eso, que el rojo es cuestión de ”morro”, o de ”morros”. ¡Ah! ¿Y de qué color es el bote Coca-Cola?

Os dejo una canción en condiciones y unas fotos de ahora mismito.

”El grito siempre acecha…es la respuesta”.

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Qué curioso es.

Quiero que sepáis que ningún día de vuestra vida pasa en vano. Todos son importantes, incluso los lunes, cuando nos ponemos a ‘tuitear’ como locos que es un día asqueroso en el que nada sale como deseásemos, excepto esa sonrisa cuando vemos a alguien a quien echábamos de menos. Por eso quiero contaros que siempre pasa algo, sea lo que sea.

Pues bien, el otro día iba sentada en el autobús, naturalmente lunes, día de colonia antigua, vaho en los cristales del autobús, caras largas porque el fin de semana se ha quedado corto y de ir de pie, porque la ‘chavalada’ de todo el barrio cree que la forma más idónea de pasar el tiempo libre a las nueve de la mañana es ocupando el 67, en lugar de ir a ver obras, a Ana Rosa o ..¿dormir?
A mi lado una mujer va medio dormida, y no para de comerse el pelo que le tapa la cara. Rubio, pero no como la cerveza, que esa solo se bebe. La otra señora que se sienta a mi izquierda me va mirando y resopla. Creo que es por estas pintas de rebelde que llevo ahora, es que no me entiendo. Se acaba de subir una señora a la altura del metro y lleva un montón de periódicos. Ofrece noticias a cada persona, muy frescas, el panorama está calentito. Y sigo sin comprender, ella no pide nada a cambio, de hecho se ha desilusionado mucho cuando le he dicho: – No gracias. Pero es que prefiero el periódico de la facultad. ¿Qué puedo decir?
Leyendo ahora las notas que cogí ese día, leo algo así como: ‘el hombre delgado’, ‘amor en el transporte público’. Quiero decir que no. No tengo ningún problema mental, y probablemente de esas notas, os iría a contar algo interesante pero como no lo recuerdo me voy a inventar otra cosa, y así acabo antes. Comienzo.
”No es fácil describir a Elena. Lleva un sombrero negro, gabardina, lo que parece una camiseta blanca, pantalones morados y unas botas de montaña. Acaba de despedirse de un tal…Ignacio. Acaban de conocerse. Y yo estoy aquí, escribiendo y bajando la cabeza. Disimuladamente. Cuando en realidad me dedico a pensar en qué parada se bajará y qué hará después.”
Aquel día no pasó mucho más, excepto que estuve borde y llegué bastante tarde a clase. No había trenzas de chocolate en la cafetería (Luis pienso matarte), y llevábamos una semana sin dar literatura porque los profesores del departamento de Medieval estaban en una casa conmemorativa en Méjico, dedicada a Cervantes. Claro, en Méjico. Claro, Cervantes. Margarita, mojito, burrito, salsa, picante, playa, conocer gente interesante, ambiente, muero de envidia, yo y todos.
Hoy sin embargo también es lunes, y lo sorprendente es que también han pasado ‘cosas’. Conducía hacia clase. Me he levantado a las seis y media de la mañana, he estudiado para el examen de hoy un par de horas, he terminado morfología, que lo llevaba neolíticamente atrasado y he desayunado. Al terminar no me apetecía aguantar las noticias y he pensado que lo mejor sería seguir leyendo la Diana de Jorge de Montemayor. Como ha sido un error, me he ido a dormir por segunda vez en ocho horas. A la hora o así me he vuelto a levantar, me he duchado y me he vestido. He cogido a ‘Lola o ‘Maga’, que así se llama mi coche, y he ido a entregar unas solicitudes en el centro de prácticas externas de la Autónoma.
Contado así suena a-bu-rri-dí-si-mo (perdonadme, pero es que hoy me han enseñado a silabear). Pues este sería un relato espantoso (corta el rollo), si no os dijera que cuando conducía hacia la facultad, una niebla blanca y espesa me ha hecho poner las luces, que iluminarían a una fila de militares para perderse en el bosque delimitado por una valla de madera. A lo lejos unos grandes tentáculos iban a venían con suma violencia. A mi derecha un cartel que ponía: Conduzca a sesenta.

Lo fantástico nace, crece, conoce al rollo de una noche de su vida, y muere.

Cada día cuenta. Os dejo esta canción. Escuchadla con los ojos cerrados. No vale pensar en la persona que os hace feliz. Consiste en imaginarla al lado.

”You must follow your heart…”

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La mujer de aquella manera

La mujer fatal…no es aquella mujer que hace sufrir a un hombre por gusto. Es ese tipo de mujer que tuvo una experiencia,simplemente, una experiencia que le animó a gritar que no quería ‘que el mundo le hiciese así’. Sino hacerse así misma, y es lo que debatimos ahora, la fuerza y la pasión de algunas mujeres, no menos que extraordinarias, que caminan entre nosotros, y que no rodean con esa atmósfera tan atrayente.
Muchos llegaron a hablar de mujeres tremendamente hermosas, aunque dudo mucho esto que dicen mis palabras, y no debería. Si hablan de belleza, habría que establecer unos cánones y unos patrones determinados para poder conseguir una escala y determinar quién es la más guapa todo el reino. Pero tenemos que dar gracias a que únicamente encontramos princesas en Disney,clases de infantil en colegios, en Montera, y en algunos palacios de la realeza europea, aunque creo que ya ni eso.

Yo creo, que como ahora vivimos en una época en la que el estereotipo ya no hace al individuo, si no que es este el que lo dibuja, no creo que el factor ‘guapura’ importe mucho, si tenemos en cuenta que cada uno es cada uno, somos de nuestro padre y nuestra madre, y nos gustan unas cosas y otras las rechazamos porque no van con nosotros. Pero lo evidente, es lo que nos cae encima aplastándonos para no dejarnos respirar. Una femme fatal es una dangerous woman, y punto. Mi amiga Lola dice:- Donde no hay mata, no hay patata. Y lleva razón. Pero he de decirte querida que ha llegado la hora que todos esperábamos. Si no hay mata hay flor que no ha terminado de abrirse.

Todas llevamos un gran potencial, esa sensualidad, que no sexualidad, os lo dejo para el dormitorio, que nos hace sentir que el mundo puede estar todos los días, no solo uno a nuestros pies. Porque ser fatal no quiere decir ‘abocada a un destino final apasionado’, si no a ser una tía fenomenal que se sienta agusto con lo que hace y que transmita tanta pasión que invite a los demás a sentir doblemente. Claro que todas tenemos un mal día de vez en cuando, unos malos días. Bueno, una mala semana. Carlos Baute dijo algo tremendamente ‘ingenioso’ en una de sus basuras, perdón canciones…vuelvo a pedir disculpas. No son canciones. Son frases con ritmo. Decía algo así como…’¿Quién te comprende en tus días del mes?’, pues desde luego que usted, no. Señor…Baute.

Grandes mujeres como Cleopatra, que murió, mejor dicho se mató por amor con una serpiente, escalofriante, Jane Austen, que aunque he de admitir que no me gusta mucho, abrió el paso a las escritoras…junto con Ada Lovelace, que si no lo sabéis es la hija de Lord Byron. Qué hacéis con vuestras vidas que no leéis a Byron. Enfin, sigo con la nómina, mi madre que es extraordinaria, Frida Kahlo con su bigote, su amante y sus cuadros… Estas mujeres, desde Cleopatra con su lápiz de ojos negro y ese pelo tan noche cerrada, pasando por estas dos literatas que eran capaces de pasar de las palabras a la explosión en cuestión de un par de subordinadas o versos, Kahlo, que ponía tanta pasión en todo que desbordaba en verde, rojo y anaranjado…esperad. Se me olvida Madamme Curie. Es genial, descubrió el radio. Su marido, pobre, debió alucinar, su mujer era tan sumamente brillante que llego a encenderle la chispa aún más. Pobrecitos. Al final murieron, por amor. No debería morirse por amor. O sí.

Es genial descubrir que se puede desmitificar a la femme fatal, porque a fin de cuentas con un salto de cama puesto, todas somos iguales. Por eso es fácil. El meollo de la cuestión es qué tipo de mujer queremos ser. Esa que se viste con ropa totalmente insinuante que no deja espacio para la imaginación, o esas mujeres con el pelo recién salido de la ducha, cuello alto y unos labios coloraditos.

Elegid. Ha aparecido la femme-espacio-feliz-sensual-fatal. Acaba de nacer vamos.

Edith Piaf…ella sí.


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