El género.

Hoy quiero hablaros desde un tono distinto. Como de mayor. Recuerdo hace algunos años que mi padre me decía:- Andre, tú que te consideras… ¿pequeña o mediana? . Por eso intuyo, que he puesto (¿inconscientemente?) que os voy a hablar como si fuese mayor, no por que lo sea.

Mi hermano últimamente no para de contarme las cosas que quiere hacer. Que si se va a ir a tal discoteca tal día. Que si ha quedado con sus amigos para ir a no sé dónde. Que si va a ir a las Fiestas del Pilar y que si le veo con sus amigos no le moleste… en fin. También he respondido a estas cosas, como es natural, con frases como: Las discotecas son un rollo, dónde cuando y con quién vas, o si te veo con algo en la mano no vas a tener Madrid para correr. Él no se queda callado y me termina de hundir con tres cartas: sota, caballo y rey. ‘Tú ibas con tus amigas todos los fines de semana’, ‘Y a ti qué te importa’, ‘Tú probaste el tabaco con 15 años, o menos’. Muerte y destrucción. Fin. Tocada y hundida. Houston tenemos un problema.

Los sábados recuerdo que eran días de gran emoción.  Te despertabas a las doce de la mañana, y sin desayunar te conectabas al messenger, por que no existía aún el tuenti, y repasabas tu lista de contactos. Seguidamente ponías la cámara del ordenador y chateabas con tus amigas, enseñando el modelito elegido, dejando espacio a modificaciones/opinión de la persona en pantalla. Los accesorios eran lo de menos, una vez cada dos meses por lo menos a los hippies de Goya a ver si habían traído algo ‘pijito’. Se llevaba mucho una especie de concha que apenas nos dejaba respirar de lo apretada que la llevábamos al cuello, o un elefante de plástico con un cordón a juego con la ropa que llevábamos ese día. Unos bolones enormes, tipo perlas en las orejas…Así tengo ahora las orejillas, con agujeros enormes. Y luego la Oli no me deja ponerme dilataciones.-Pero hombre, que eso da un aspecto de guarrindonga…ya tienes demasiados agujeros-.Se me olvidaba. Facilmente…la fila de pulseras empezaba en la muñeca y podía llegar hasta la mitad del brazo sin prisas. Todo para ir a petarlo a la discoteca light de turno. Esperar una cola enorme con nuestros flyers en las manos, firmados previamente por alguien que pensábamos que era super guay. A día de hoy probablemente esté repitiendo cuarto de la eso por quinta vez, yo que sé. – ¿Sabes qué mamá?- decía cuando subía al coche con los pies destrozados de esos taconcitosHe podido coger una camiseta de la discoteca esa Coco loco… es lo más, me la voy a poner para…– no me la llegué a poner. Solo para citarme con la almohada por las noches. Como el resto.

Sobre el alcohol y el tabaco y el resto de gilipolleces… pues como todo el mundo. Es gracioso después de todo, por que es verdad. Se empieza a fumar por chulería. No me digáis que no. Vosotros por que queréis ser rebeldes sin causa, y nosotras por que queremos ser Cruela de Vil, obviamente no para tener teñido el pelo a dos colores, si no por esa majestuosidad, ese poder, observar a los otros a través de un muro de humo…Y claro la primera calada es devastadora, una tos y un mal cuerpo que piensas; ‘Vale ya soy guay, puedo dejar de hacer el gilipollas‘. En la película La chaqueta metálica, hay un momento que me gusta especialmente, en el que los personajes mantienen un diálogo y se dicen algo así como:- ¡Eso son gilipolleces¡+ Ya, pero tú eres mi gilipollas favorito. Esta cuña cinematográfica me sirve para decir que sí, que el tabaco es una tontería, y que no es bien fumar si no mucho bien dejarlo. Analizándolo, llego a pensar que muchos momentos intensos de mi vida los he vivido al lado de ese palito bicolor. Pero distan mucho de ser gilipolleces esos momentos, ¿sabéis? Creo que es absurdo decir con diecinueve años que dejo de fumar, ni que esté enganchada ni nada de eso, ¿no? Pues sí. Es triste, pero me agarro a ello y lo dejo y lo retomo por épocas por que me hace sentir bien, por que me hace recordar cosas. Lo dejaré cuando quiera me digo a mi misma. Sabré cuando es el momento.

La otra cosa… esto del alcohol. Qué os voy a decir. Los niños cada día empiezan más jóvenes a beber en los parques hasta las nueve de la noche que tienen el toque de queda. En verano les ves algo más por que se está bien en la calle, pero es que en invierno es puto alucinante (vaya, no estoy tan desenganchada), con guantes y pasando un frío del círculo polar Ártico por tener un vaso con hielos(más frío) en la mano. Y es que yo hacía eso también. Eso que ahora veo lejano yo lo hacía. Existen muchísimas fotos, algunas de las cuales ni me acuerdo de lo que había bebido, y me parece tristísimo no. Lo siguiente. Sin embargo el camino que recorres hasta que te das cuenta de que por beber no eres más divertido, que por beber con tus amigos no te van a querer más, que por beber no vas a ahogar la semana de mierda que has tenido por que tu cuerpo adolescente está cambiando por dentro, rollo el experimento este del que tanto se habla y que no pasa… lo del Mentos en la botella de Coca-cola que explota. Eso. Y que tu amor platónico va a seguir sin mirarte por que prefiere a tu amiga. Somos monos de imitación. Hace relativamente poco, descubrí el encanto de la cerveza. Mi amiga Paloma que es estupenda, la ama. Y en el fondo lleva razón. El otro día quedé con alguien y fuimos a tomar unas cañas por ahí. Fue muy bien y lo cierto es que era algo distinto. A pesar de seguir siendo alcohol en sí. Es que no sé explicarlo, os dejo que lo descubráis.

Mi abuelo estuvo el otro día por casa. Se había comprado un GPS, y se lo estaba enseñando a mi padre y tal y cual. – Es que Madrid desde que están aquellos haciendo la puñeta no hay quién lo entienda– Yo me quedé en el marco de la puerta observando la escena. Bebían cerveza. ¿Lo vais pillando?. Mientras mi padre se lo explicaba como podía, el pobre hombre asentía, pero yo sé que no se enteró de nada. De hecho en el momento en el que puso ‘Avenida‘ con ‘b‘ delante de mi (falta de respeto), casi me da una taquicardia. Temí por todas esas personas que cogiesen el coche ese fin de semana, alomejor tendrían que aguantar a un señor con aspecto de caballero andaluz enfadado. No sé qué manía tiene de llevar siempre una mini navaja encima. (Risa malvada), No temáis.

A lo que voy. Nunca se deja de crecer, al igual que son malos tiempos para la lírica. Y yo sinceramente creo que nunca se deja de aprender, de descubrir cosas nuevas, pero que debería haber un orden cronológico en todo ello, que no hay que correr. Por que esos enanos que vienen detrás de nosotros, al igual que nosotros somos liliputienses para muchos otros, no vienen a reinventar el género pícaro ya existente(Me tengo que volver a leer El Lazarillo de Tormes. Para Barroco. Otra vez. Van 5). Como si pensasen que van a inventar algo nuevo. Yo también iba con mis amigos al chino de la plaza a comprar alcohol por que no tenía los años. Yo también pedía a un mayor que me comprase tabaco. Iba a los parques, salía, reía me divertía. Pero de la edad que tengo ahora no me mueve ni el tato. Solo el tiempo. O alguien que esté jugando con las tijeras en la universidad.

‘So I spent guessing on you, oh. You are a lover of the wild and a junker of the heart’. 

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