La pasión.

Podría decirse que en el mundo hay mil millones de pasiones, todas verdaderas y únicas, ¿verdad?. Pues bien, a mi parecer, es tan auténtico tanto aquel que ama los cómics como aquel que le gusta tirarse en el césped a contemplar las formas de las nubes o escuchar a Camarón desde su isla en una habitación con la puerta abierta. La pasión es un término extensivo, me explico, puede invadirnos de repente. Podemos leer algo como esto:

Tras algunas cervezas (muchas), acabamos en mi piso. Mis compañeras no estaban, por lo que no entiendo cómo acabamos desnudos el uno sobre el otro tan rápido. Recuerdo que la ventana estaba abierta, por que oí un par de pitidos de algunos coches, el ruido de las hojas al caer o volar y varias conversaciones de personas que pasaban por debajo sin culpa de nada. Culpa sobre mi facilidad a la hora de colgarme de un gesto de alguien, así soy yo, así siento, así quiero. 

Y ahora…¿Qué?- me preguntó.

Pues… no sé… ¿Qué?

¿Qué de qué?

¡Ay, no sé!

Pusimos el primer volumen de aquellas películas tan sangrientas de Tarantino, apenas nos soltamos el uno del otro. Me besó un par de veces y decidimos poner Amor a quemarropa. Solo por que me abrazaba y a mi se me ponía la piel de gallina. También ocurría cuando me miraba.

…Y podemos sentirla. Es curioso que la peli esta de Tarantino que se cita en el texto de arriba sea de 1993, ¿no? (Guiño, guiño). El cúmulo de sensaciones que experimentamos cuando sentimos pasión por algo es…onomatopeya. Eso pienso, por que es como…¡Buf!. Imaginemos a esa típica persona, que espera su autobus en la parada. Lleva una chupa negra de cuero y escucha algo de música. ¿Bryan Adams en Heaven? ¡Ay, porfavor que sea que sí!. Pica el abono o el metrobus en la dichosa máquina, saluda con una leve sonrisa al conductor y busca un asiento solo, cerca de la ventana. Los baches, el cielo con nubes y las conversaciones de la gente o sus silencios retienen toda su atención. Son micro universos en movimiento. ¿No es fascinante? ¿Acaso eso no es pasión por la vida?Esto me parece bonito, ‘es bien‘ como diría alguien guay, nos hace reflexionar sobre la fe que poseemos, sobre ese ‘yo aún creo en la gente‘.

En ‘La pirámide de cosas que amar‘ que construí, coloqué un enorme libro. Y esto…¿Por qué? Es sencillo. En el diccionario encontramos  numerosas definiciones sobre esta estupenda palabra, aunque mi favorita sea ‘ultramarinos‘. Decidlo en alto: ultramarinos. Precioso. El caso es que, de las mil que pone hay una que dice algo así como ‘capaz de introducir novedades‘. Y eso es para mi, un gran canal que me abre las puertas al mundo. Al leer experimento numerosas sensaciones que también observo en la vida real.

‘No me gusta’, ‘Me aburre’, ‘Pero por dios..qué barbaridad’, ‘Pero qué super fuerte, no me lo puedo creer…¿están juntos?’, ‘Pero qué crueldad…’, ‘Qué basto…’, ‘¡Oh por Dios! Cien años de soledad ¡¡¡NO!!!’ (Lo siento Luis, sigue sin gustarme Gabo). Y así podría tirarme media vida.

La lectura es pasión, y no hay problemática, ni una hipotética-hipótesis (doble hache) sin fundamento. Podemos encontrar todo lo que deseamos o sentimos pasión por.

Abrir un libro. Cerrar los ojos. Oler la tinta sobre el papel. Acariciar las tapas. La primera palabra. El primer beso. El último adiós. El primer engaño. El primer paisaje. La primera decepción que no será la última. La sensación que produce el alcohol, el cigarro en el callejón de la calle donde solíamos sentarnos tarde tras tarde…como ya digo es todo. ¿Y por qué es todo? Pues por que los libros poseen la cualidad de saltar entre nuestras manos, hablan sobre el mundo, sobre nosotros que habitamos en él aunque a veces caminemos de espaldas. Y contagian la vida, por que no son como las películas, lo que cuentan pasa realmente o por lo menos en nuestras mentes y en las de los creadores, que se puede considerar un lugar físicamente posible. La frase ‘Ala, parece sacado de una peli‘, debería cambiarse por ‘Es una historia digna de escribir‘ o ‘Parece recién salida/o de un libro‘. Pero yo no soy quién para hablar de estas cosas, ni para alterar el devenir histórico de las escenas de película. Ahora no me digáis que no hay pasión tras las palabras. No me digáis que no queréis ser princesas, que no pondríais a un Conde Drácula , no a un Cullen cuidado, en vuestras vidas. (La verdad es que mi conflicto interno libro-película empezó cuando vi a Gary Oldman en Drácula, así que decidí lerme el libro.)                                                        Que vosotros, sí, vosotros, no pondríais a la complicada María de El túnel de Sábato. Por que os encanta en el fondo que os compliquen.

Hace poco me dijo un amigo: Vosotros lo escritores tomáis muchas cosas de la vida real, de lo que os rodea. Estereotipáis a las personas que os llaman la atención y las lleváis al papel. No sé.

Me sentí halagada. Pero por otro lado también sentí tristeza. Yo no soy escritora, ni siquiera construyo historias. No me creo ni creo  pasiones (me encanta la polisemia).

 

 

CAUSE OUR LOVE WILL LIGHT THE WAY.

 

 

 

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