El fotograma.

Para dos personas que no paran de hacerse felices. A la princesa de Star Wars y al tío Ra.

Hoy colgaré una canción no porque quiera si no porque soy fiel a mis principios como ayer me dijeron que era…sí eso me dijeron, pues me leyeron la mano y eso que yo no creo en estas cosas. Bueno, menos en el horóscopo de la Cuore, que es capaz de combinar el color del esmalte de uñas de esa semana con mi ánimo. Lo digo por que preferiría colgar una foto, ya que hablan mejor que yo, pero he optado por describiros una escena.

La ceremonia fue preciosa. Nada de cursiladas. Nada de miradas al tendido. La luz entraba en la Casa de la Panadería desde la Plaza Mayor, atravesando un cristal invisible. Les iluminaba de tal manera, que la chaqueta-tapiz plateada de mi abuela iluminaba lágrimas en sus rostros de estrellas de cine. Estaba asistiendo al mejor comienzo cinematográfico, como espectadora privilegiada, ¡en primera fila! Parecía que en cualquier momento se iban a decir :

– ¿Deseas la luna? Dime solo una palabra la cogeré con un lazo y te la entregaré. Sí, es una buena idea, te regalaré la luna Mery…   

La acepto, y luego ¿Qué?.

Y que todos al unísono dijésemos emocionados con la mano en el pecho: – ¡Qué bello es vivir!

Acompañada de un chico que acaba de conocer me dispuse a pedir una copa en la barra del salón del Hotel en el que me encontraba. Traté de espantar a la mosca que no paraba de revolotear entre nosotros. Ésta vestía un …¿vestido? de flores con un fondo negro. En fin. Me pedí ginebra con limón, de la marca buena, dije:- Ya que estamos celebrando algo, celebrémoslo bien. El caso es que había pasado innumerables veces por la puerta de aquel Hotel, de hall oscuro con algunas pinceladas étnicas pero sobre todo chic, aunque intentase ocultarlo con esas estatuas y esos bambúes. Habíamos comido muchísimo. Primero en la terraza de arriba, donde nos sirvieron un cocktail estupendo, con comidas de ayer hoy remaste rizadas y ”bien buenas” como me dijo mi abuela mientras comía un canelón de morcilla …¿o fue cuando probó el sushi?No lo sé. – Isabeeeeeeel, que ya hemos casado a los muchachos– oí decir a mi padre una vez. O varias.

Pasaron también varias bandejas con copas de vino, zumo de naranja para los más atrevidos, de tomate para los que no vieron el vaso enorme de coca cola con limón y unos hielos que te derretían con solo mirarlos, cerveza….etc. El cielo desde allí arriba parecía de otro color, las nubes, las terrazas escondidas entre los edificios… incluso el ruso al que le estaban sirviendo una copa de champán rosado en la piscina, que estaba en la terraza también, parecía distinto. Se había quemado.

Más tarde ya bajamos todos al salón, comimos mucho, y también pedimos dos veces seguidas que nos trajesen otra ronda de sorbetes de mojito. ¿Quién puede resistirse a los tristes ojillos que se nos ponen al ver la combinación de nata y azúcar moreno juntos? Dos brindis después retomamos donde me auto interrumpí (esto según mi profesora de morfología, Olga, que dice que para nuestras futuras relaciones personales digamos que somos peluqueras, y ellos vendedores de seguros, es una palabra posible, pero no existente) la sala de baile.

Antes estuve hablando con ella, con la novia. Casi casi recién sacada de épocas anteriores, donde se fumaban cigarrillos largos, se llevaban guantes blancos, enfundadas en trajes verde botella con los botones metálicos preciosos. Con tocados o gorros muy bonitos, a juego con media melenita, algo ondulado. Y los labios rojos natural. Las personas que sienten la vida ,llevan ese color. Y quizá alguna cartera en la mano, y unos tacones. Le pregunté si iban a bailar algo, en plan rollo boda gitana, o de esas que se celebran en salones de boda como tal. Esto último creo que está algo desfasado, según me han dicho ahora se lleva el rollo alquilar una parcela o una finca o no se qué. Y por eso me gusta esta boda joder, por que es diferente. Me contestó: – Sí claro, bailaremos una canción nuestra.

Y claro, con mi espíritu ñoño que apenas muestro pensé:- No hay cosa más cuqui.

Luego fui directa a hablar con mi tío, simplemente para reírme, me da la sensación de que no sabe bailar. Una amiga, perdón vuelvo a empezar, una muy buena amiga y persona, una vez mientras nos tomábamos un helado, nos contó una anécdota sobre su padre. Resulta que estaban en familia, y hablaban de la novia, hoy esposa y futura madre, de su hermano. La madre de mi amiga o el padre le preguntó a la madre o al padre (creo que esta parte es confusa, pero es que no me acuerdo bien), sobre qué era lo que más le gustaba de ella. Él o ella (ya os digo, que no me acuerdo bien, estaba concentrada en un helado de chocolate con bizcocho y más chocolate), dijo sin titubeos:- Lo que más me gusta, sin duda, es la cara de mi hijo. Y pensé, es cierto. Lo siento de verdad por ser tan copiota, y prometo pedir los derechos de autor para la próxima, pero es que ayer sentí muchísimo esa frase. Lo que más me gusta de Araceli es la cara que se le pone a Raúl (Por favor si leéis Raúl poned acento canario, como el del maestro de ceremonias que los casó, Cerolo, es divertidísimo).

A veces crees conocer a una persona pero te das cuenta de que no es así, o que algo falta que no es lo que mismo que falle. También me di cuenta de eso, pero en sentido positivo. Creo que lo que más me gusta de mi tío es eso, que no se deja ver por completo, que siempre le cubre un halo de misterio, pero que aun así tiene una foto de Magneto en el Whatsapp y se mete conmigo por mis estados demasiado poéticos o por lo mucho que tengo que pasar aún en la vida.

Voy a lo importante que me enrollo. La gente salió del salón de comer a duras penas por lo mucho que habían comido, pusieron en la sala contigua una barra, una bola de discoteca y música de los ochenta-noventa, casi muero de amor. Pero de repente la música bajo un poco, miré al chico extrañada, y eché un rápido vistazo a mi abuela, gran mujer.

Se habían abrazado en medio de la pista de baile. He de admitir que busqué la canción que sonaba en un invento genial y maravilloso que tengo en el móvil. Total, que empieza a sonar la canción de One more kiss,dear de la banda sonora de Blade Runner. Aunque no supieran bailar ninguno de los dos, menos él que ella, esta volaba en el cuello de él, el sonreía y ambos despegaban sus labios una y otra vez para repetir bajito, muy bajito alguna frase o estrofa que ninguna persona de la sala pudo entender. Espero que fuese algo así como…

No, no lloré. Pero estuve a puntito. Porque yo nunca lloro.

 

”So in the springtime …like sweet memories,they will return as will I”

 

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