Una cosa, sin mariposas.

Primero escribir una pequeña ‘disculpa’. Quería continuar con el bloque de tres sobre la generación…pero me veo obligada a hablar sobre otro tema.

Primer casoLa mina es frágil.

Típica historia de chica y chico se conocen desde hace muchos años. Él era el popular del curso. Ella una más de masas. Los chicos juegan, sus miradas se atraen, parece un baile de mascaras. Aquí nadie dice nada. Na-da. ¿Realmente se conocían taaan bien? No sé. Me lo han contado de oídas. No sé cómo va, el caso es que él se acerca, ella temblorosa:- Ehm… que quieres que…¿quedemos?Bueno vale. Ella piensa que claramente, él se está burlando. El de la cresta, el otro subnormal del pendiente y el gordo gilipollas que se meten conmigo han apostado a que se liga a la siesa, que soy yo, seguro.

Esa tarde ni la besa. Pero le acompaña a casa. Al día siguiente es distinto porque ahora sabe el camino para llegar donde ella esté. Puede que pase el tiempo. O no. Pero lo que está claro es que sí. Hubo apuesta pero él se lo acabó confesando a ella. Claro que los tres ineptos siguen siendo sus amigos, pero entienden que ella merece la pena. Se miran entre sí, por que son grandes triunfadores de melenas, pero ni una cena en lo que no es agenda. Ahora llega lo trágico y es que su relación es preciosa. Tan preciosa que llega a conmoverme, ¡a mi! . Ella es mi amiga, ella es fantástica. Pero quiere demasiado y a veces eso no se entiende. Como él no lo entiende se marcha.

Por eso ella ya no suele escribir a lápiz. Por que la mina es frágil. Escribe a pluma, por que la tinta es lo único que sale de su corazón.

Segundo caso. Noche de estrellas, estrelladas.

¿Qué queréis que os diga? Yo a él le soporto a ratos. Es un tipo la mar de interesante, pero un pez. De pesado. Lo que pasa que en ocasiones resulta divertido. Sentados en la cafetería, me cuenta una de esas historias que él puede contar, que se quede entre los tres pares de orejas que le escuchan mientras sorbe el café. Joder hace un ruido super desagradable. Le sonrío por que en ese momento me cae bien. Es muy teatral, yo que sé, ahora está haciendo una obra con los raritos de teatro. ‘No me meto a eso ni loca‘,  le dije un día entre risas. No por nada si no por que no sé actuar. O puede que sí.

¡HABLA! le dije.

Ya voy, ya voy. Parece Coppola.

‘Conocí a esa mujer (tono dramático) en las fiestas de mi barrio mientras tomaba algo para colocarnos con mis colegotes…’ (Mi mente hace pause, ¿Le caen bien…o mal? No pienso preguntárselo). ‘Le entré, le dije que me gustaba, que era una mujer digna de robar un par de besos. Me cruzó la cara, pero conseguí su teléfono. Empezamos a quedar unos días, muchos acabamos en mi cama o en su casa. Yo trabajé como conserje en esa época, he sido y he deseado muchas cosas antes de llegar aquí. Tenía la llave de sus piernas, también de la puerta. Le regalé un libro, y me lo tiró a la cara. Después exclamó:- Qué noche más bonita. Le miré aturdido y se arrodilló…’

 ¡PARA! Si vas a contar algo rollo sexual, no es el momento…tengo la palmera de chocolate en la garganta, y el café en la mano. Puedo vomitarte… y quemarte al mismo tiempo. Aviso.

 Sé tratar con damas

 Sigue.

‘En realidad, al día siguiente le llamé millones de veces. Le envié mensajes y no me contestó. Como tampoco teníamos nada serio…pues… bueno…seguí mensajeándole. Me enteré de que se estaba tirando a dos de mis amigotes, de mi grupo. Fui a pedirle el libro, pero su madre me dijo que no estaba el día que fui a su casa y los rulos y la bata me indicaron algo importantísimo. La hija, en un futuro no merecería la pena’.

Bah. Hombres… sois todos iguales.

 Como vosotras.

Tercer caso. Va a volver a llamarte ‘Rita the singer'( Rita la cantaora).

Esa noche llegamos todas con la moña puesta. Íbamos bastante borrachas, y lo cierto es que encontramos las llaves en el bolso de María. Ana no paraba de llorar por que el celoso-obsesivo de su novio nos había jodido la fiesta. Y nos emborrachamos por ello. Bueno eso fue antes. Aunque, he de reconocer que en ese momento el orden de los factores sí que afectaba al producto. Todo muy penoso.

 ¿Sabes lo que pienso? Que deberías dejarle, por que es un gilipollas. Nos conoce de siempre y aun así piensa que somos unas guarras. Luego le faltan minutos para pedirte perdón. Pero sigue pensando que te incitamos a comerte la noche. Es un niñato de mierda. ¿Comprendes?

Tía… yo le quiero. Es maravilloso cuando estamos juntos bien.

Ése es el problema. Cuando estáis bien. El resto es mierda. Y nos salpica.

Ésa noche como nos bebimos hasta las copas de los árboles y mordimos el suelo de la cala de al lado de casa, salimos a la terraza a ventilarnos. Nos fumamos varios cigarros. Teníamos cara de mal huele, la raya del ojo corrida y el pelo en llamas. Como el agua tenía que salir por algún lado, qué mejor que por los ojos.

 Y tú… ¿Qué opinas?

 Qué qué opino… verás… no opino. Se lo dije tal cual. Tenía los brazos en jarras y los morros rojos, un rojo violento.

”Mucho de todo nunca es demasiado, o suficiente…”

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s